¿Y si la fuerza no fuera la solución?

19 de junio de 2025

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Park e Shahr, Teherán, Irán

¿Y si la fuerza no fuera la solución?

“La victoria en la guerra no es algo amorfo”, escribió Haaretz en un editorial que incomodó porque recordaba una regla básica de la estrategia que suele omitirse cuando la potencia militar entra en escena. Toda acción armada requiere un criterio operativo de éxito que pueda ser evaluado más allá del impacto inicial. En este caso, la política de seguridad israelí parece haber adoptado una definición más elástica, donde la victoria se declara sin quedar claramente delimitada.

La operación León Naciente se inscribe en esa lógica. Bombardeos de alta precisión sobre objetivos iraníes fueron presentados como un golpe preventivo contra el programa nuclear, combinando infraestructura, centros de mando y nodos científicos en una narrativa de eficacia técnica. El balance táctico es visible y fácilmente comunicable. El balance estratégico, en cambio, sigue siendo difícil de verificar.

La pregunta relevante es qué cambió realmente en la ecuación nuclear iraní después de los ataques.

Capacidad degradada y conocimiento persistente

Antes de la operación, los informes públicos del Organismo Internacional de Energía Atómica ya indicaban que Irán había alcanzado niveles de enriquecimiento muy superiores a los umbrales civiles, con reservas acumuladas que acortaban de manera significativa el tiempo potencial de ruptura. El principal límite no era la disponibilidad material, más bien, era una decisión política para avanzar hacia una capacidad plenamente operativa.

Como advertía Haaretz, “no hay manera de borrar el vasto conocimiento nuclear que Irán ha acumulado durante años”. Se puede destruir laboratorios, pero no cerebros. Se puede matar generales, pero no ideas. Y lo más irónico: “...una ideología no se puede asesinar ni bombardear, cada instalación destruida será reconstruida y cada general muerto será reemplazado.”

El conocimiento nuclear no reside en una instalación concreta ni en un edificio específico. Se distribuye en equipos humanos, rutinas técnicas, cadenas de suministro y memoria institucional que no desaparecen con un ataque aéreo. La literatura clásica sobre proliferación ha mostrado de forma consistente que, una vez superado cierto umbral de aprendizaje, la coerción militar rara vez elimina una capacidad latente.

Los ataques degradan activos físicos. No revierten trayectorias tecnológicas maduras, y menos aún cuando el aprendizaje ya se ha internalizado.

El río Jordán, frontera natural entre Israel y Jordania

Incentivos estratégicos reordenados

Antes de los bombardeos, la ambigüedad resultaba funcional para Teherán porque permitía negociar, dilatar definiciones y extraer concesiones parciales mientras se mantenía formalmente dentro del marco del Tratado de No Proliferación. Después, el cálculo se vuelve menos flexible.

Una capacidad disuasiva completa adquiere un valor cualitativamente distinto. La teoría de la disuasión es consistente en este punto. Estados que perciben amenazas existenciales y carecen de garantías externas creíbles tienden a buscar capacidades nucleares como seguro último frente a la incertidumbre. Corea del Norte ilustra esta lógica de manera empírica, mientras que Irak y Libia operan como recordatorios inversos dentro del mismo marco analítico.

La señal estratégica enviada no apuntó a la contención, sino a la confirmación de que la disuasión convencional resulta insuficiente cuando el umbral de amenaza se percibe como existencial.

Un palestino reza junto a una tumba cerca de la Explanada de las Mezquitas, en Jerusalén.

El tiempo como variable crítica

Toda la operación está atravesada por una variable que condiciona las decisiones de fondo. El tiempo. Israel actúa bajo la percepción de que la ventana para impedir una disuasión nuclear iraní se está cerrando progresivamente, lo que introduce una presión constante por acelerar decisiones.

Forzar una implicación estadounidense aparece como una forma de externalizar costos antes de que esa ventana se clausure por completo. Sin embargo, la credibilidad estadounidense como garante de seguridad regional ya mostraba signos de erosión, influida por experiencias recientes y por la creciente centralidad del cálculo doméstico en su política exterior. Para Teherán, la lectura es directa y difícil de ignorar.

Si la protección externa resulta incierta, la disuasión propia deja de ser una opción secundaria y pasa a ocupar un lugar central en el cálculo estratégico. La premura israelí no detiene el tiempo. Lo acelera.

Montañas de Aladaglar, Irán

Coerción externa y cohesión interna

Subyace a toda la operación una hipótesis persistente en buena parte del pensamiento estratégico occidental. La presión militar externa podría fracturar al régimen iraní o alterar su orientación interna. La evidencia comparada apunta de forma consistente en la dirección contraria.

La teoría del rally-round-the-flag muestra que la amenaza externa tiende a cerrar filas y a reducir el espacio político para la disidencia. Las protestas internas pierden legitimidad cuando pueden asociarse a agresión extranjera, mientras los sectores más duros ganan peso relativo dentro del sistema político. En términos estrictamente políticos, la coerción refuerza la lógica interna del régimen.

Un cierre incómodo

Algunos datos básicos permanecen inalterados, independientemente del marco narrativo dominante. Israel posee armas nucleares, mientras Irán no las tiene. Israel no es signatario del Tratado de No Proliferación, mientras Irán sí lo es. Israel no acepta inspecciones internacionales, mientras Irán, con todas sus limitaciones, sí lo hace.

Aun así, el problema estructural continúa presentándose como unilateral, no por error analítico sino por conveniencia política. Ese marco permite justificar ataques preventivos, desplazar la atención de otros frentes y normalizar una lógica donde la fuerza sustituye a la política.

La fuerza no resolvió el dilema nuclear iraní sino que entramos a un estadio más peligroso, donde la proliferación deja de ser una amenaza abstracta y se convierte en una opción racional dentro de un entorno de creciente inseguridad.


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