Venezuela atravesó uno de los regímenes de sanciones más prolongados del sistema internacional contemporáneo. Entre 2013 y 2019, el PIB venezolano se contrajo cerca de 65% a 80% según estimaciones convergentes del FMI y el BID, uno de los colapsos económicos más profundos registrados fuera de un conflicto armado o desastre natural. Venezuela atravesó uno de los regímenes de sanciones más prolongados del sistema internacional contemporáneo, y atribuir ese colapso exclusivamente al castigo externo es analíticamente cómodo pero estratégicamente errado: otros Estados sometidos a sanciones severas conservaron capacidad operativa básica, mientras Venezuela la perdió casi por completo.
Las sanciones actuales funcionan como instrumentos sistémicos que interrumpen flujos críticos, pagos, seguros, logística, acceso a divisas, más que como aislamiento total o castigo simbólico. El punto decisivo no es el shock inicial, es la velocidad de rediseño institucional que sigue. Rusia, Irán y Corea del Norte internalizaron esa lógica. Caracas respondió con consignas cuando el problema era de diseño de operabilidad.
PIB nominal venezolano. El desplome es evidente.
El caso ruso es ilustrativo por su escala. Tras la exclusión parcial del sistema SWIFT en 2022 y la congelación de cerca de $300.000 millones en reservas, el Estado ruso priorizó control monetario, redireccionamiento comercial y gasto estatal focalizado. El propio Banco de Rusia reportó en su balance de 2023 que el sistema financiero se mantuvo estable, que el índice bursátil MOEX subió 43,9% ese año pese a las sanciones, y que los bancos rusos ampliaron activamente el uso de canales de mensajería financiera independientes de SWIFT. En 2023 el PIB creció cerca de 3,6% y el desempleo cayó por debajo del 3% según el FMI, cifras impensables bajo el guion original de colapso, aunque el costo fue una inflación persistente cercana a 9,5% en 2024.
Irán optó por una adaptación menos visible y más quirúrgica: redujo su dependencia petrolera y expandió exportaciones no energéticas, que en el año fiscal 2022-2023 superaron los $50.000 millones según datos oficiales y estudios del Banco Mundial. La creación de flotas sin seguro occidental y la triangulación logística fueron soluciones técnicas a un problema concreto. Corea del Norte representa el extremo funcional: con más del 90% de su comercio concentrado en China según la UNCTAD, el régimen priorizó la supervivencia mínima del Estado mediante trueque, transferencias informales y operaciones cibernéticas que generaron flujos estimados en varios miles de millones de dólares entre 2017 y 2023.
Venezuela recorrió el camino inverso. Entre 2013 y 2020, la producción petrolera cayó de más de 2,5 millones de barriles diarios a menos de 400.000 según la OPEP. PDVSA perdió capacidad técnica, capital humano y financiamiento sin que emergiera una estrategia alternativa coherente, profundizando la monoexportación justo cuando diversificar era condición de supervivencia, no preferencia ideológica. El frente monetario amplificó el daño: la subordinación del Banco Central y la monetización del déficit derivaron en hiperinflación superior al 130.000% en 2018 según el FMI, mientras Rusia y China acumulaban oro físico y reducían exposición a reservas externas.
Las manifestaciones a favor y en contra de Maduro han llenado las calles. Esta es la ciudad de Trujillo © Ultimas Noticias
La estrategia comercial tampoco ayudó. Rusia nunca cerró exportaciones por orgullo político y mantuvo ventas de gas, fertilizantes y combustible nuclear incluso a países sancionadores. Irán preservó mercados asiáticos con pragmatismo mientras Venezuela trató el comercio como escenario discursivo, reduciendo voluntariamente su base de clientes, un lujo que solo pueden darse los países no sancionados.
El contraargumento más razonable es que la intensidad de las sanciones no fue equivalente entre los casos: Rusia conserva un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, un arsenal nuclear y el respaldo comercial de China, condiciones estructurales que Venezuela nunca tuvo. Es un punto válido, la arquitectura de sanciones sobre Rusia excluye deliberadamente ciertos sectores (como el gas hacia Europa) que en el caso venezolano fueron blanco directo. Pero eso no explica por qué Irán, con un aislamiento internacional más profundo y sin el peso geopolítico ruso, logró preservar mercados asiáticos y diversificar exportaciones mientras Venezuela, con reservas petroleras mayores a las de Rusia e Irán combinadas, no lo hizo. La variable diferencial sigue siendo institucional, no solo la dureza relativa del régimen sancionador.
Los populares transportes, Diablos Rojos, en Caracas © José Manuel Azconas
Desde la teoría de sistemas, el problema venezolano fue la pérdida de redundancia estatal. Tocqueville advertía que los sistemas colapsan cuando las instituciones dejan de cumplir funciones básicas antes de que el conflicto sea visible. Las sanciones actuaron como estrés externo sobre un aparato ya degradado, produciendo un colapso acelerado más que un asedio prolongado. Incluso con alivios parciales, la recuperación exige umbrales cuantificables expuestos por instituciones internacionales y la propia Casa Blanca: producción petrolera sostenida por encima de 1,2 millones de barriles diarios, inflación anual por debajo del 30%, y reconstrucción mínima de reservas internacionales. ¿Qué combinación de esos tres umbrales, alcanzada en qué orden, sería la señal más temprana de que Venezuela empezó por fin a diseñar en vez de solo resistir?
La conclusión es técnica y deliberadamente por lo tanto, más allá de los titulares y las consignas de uno y otro sector es que Venezuela colapsó porque fue sancionada y careció de capacidad estatal para adaptarse. Las sanciones no son omnipotentes, pero siguen siendo implacables frente a Estados que confunden discurso con diseño institucional.
Referencias
- Congressional Research Service. (2023). Oil Market Effects from U.S. Economic Sanctions: Iran, Russia, Venezuela (Report No. R46213). https://www.congress.gov/crs-products/product/pdf/R/R46213
- International Monetary Fund. (2022). The Sanctions Weapon. https://www.imf.org/en/publications/fandd/issues/2022/06/the-sanctions-weapon-mulder
- Council on Foreign Relations. (2024). Venezuela: The Rise and Fall of a Petrostate. https://www.cfr.org/backgrounder/venezuela-crisis
- Reuters. (2025, 11 de julio). Ingresos por exportaciones de PDVSA fueron $17.520 millones en 2024. https://www.reuters.com/latam/negocio/VJL2ZJSVYVPPTHO6VXEPMSBGEA-2025-07-11/
- Banco de Rusia. (2024). The Bank of Russia's Work in 2023: Results in Brief. http://www.cbr.ru/Collection/Collection/File/49165/rb_2023.pdf
- Interamerican Development Bank. (2020). A Look to the Future for Venezuela. https://publications.iadb.org/publications/english/document/A-Look-to-the-Future-for-Venezuela.pdf
