Venezuela frente a las sanciones.
Venezuela atravesó uno de los regímenes de sanciones más prolongados del sistema internacional contemporáneo. Entre 2017 y 2023, las restricciones financieras, comerciales y energéticas contribuyeron a una contracción del PIB superior al 75% según estimaciones convergentes del FMI y la CEPAL. Aun así, atribuir el colapso exclusivamente al castigo externo es analíticamente cómodo y estratégicamente errado. Otros Estados sometidos a sanciones severas conservaron capacidad operativa básica. Venezuela no.
Las sanciones actuales funcionan como instrumentos sistémicos. No buscan aislamiento total ni castigo simbólico, sino interrumpir flujos críticos como pagos, seguros, logística y acceso a divisas. El punto decisivo no es el shock inicial, sino la velocidad de rediseño institucional. Rusia, Irán y Corea del Norte internalizaron esta lógica. Caracas respondió con consignas cuando el problema era de diseño de operabilidad.
PIB nominal venezolano. El desplome es evidente.
El caso ruso es ilustrativo por su escala. Tras la exclusión parcial del sistema SWIFT en 2022 y la congelación de cerca de 300 mil millones de dólares en reservas, el Estado ruso priorizó control monetario, redireccionamiento comercial y gasto estatal focalizado. En 2023 el PIB creció cerca de 3.6% y el desempleo cayó por debajo del 3% según el FMI, cifras impensables bajo el guion original de colapso. El costo fue inflación persistente cercana al 9,5% en 2024 y un 7% en 2025, un precio alto pero políticamente gestionable.
Irán optó por una adaptación menos visible y más quirúrgica. Tras décadas de sanciones, redujo su dependencia petrolera y expandió exportaciones no energéticas. En el año fiscal 2022-2023 estas superaron los 50 mil millones de dólares según datos oficiales y estudios del Banco Mundial. La creación de flotas sin seguro occidental y la triangulación logística fueron soluciones técnicas a un problema concreto.
Corea del Norte representa el extremo funcional. Con más del 90% de su comercio concentrado en China según la UNCTAD, el régimen priorizó la supervivencia mínima del Estado. El uso de trueque, transferencias informales y operaciones cibernéticas generó flujos estimados en varios miles de millones de dólares entre 2017 y 2023 según informes de la ONU. No es un modelo exportable, pero demuestra que incluso en condiciones límite existe margen para adaptación instrumental.
Las manifestaciones a favor y en contra de Maduro ha llenado las calles. Esta es la ciudad de Trujillo © Ultimas Noticias
Venezuela recorrió el camino inverso. Entre 2013 y 2020, la producción petrolera cayó de más de 2.5 millones de barriles diarios a menos de 400 mil según la OPEP. PDVSA perdió capacidad técnica, capital humano y financiamiento sin que emergiera una estrategia alternativa coherente. La monoexportación se profundizó justo cuando diversificar era una condición de supervivencia, no una preferencia ideológica.
El frente monetario amplificó el daño. La subordinación del Banco Central y la monetización del déficit derivaron en hiperinflación, con tasas superiores al 130.000% en 2018 según el FMI. Mientras Rusia y China acumulaban oro físico y reducían exposición a reservas externas, Venezuela dilapidó activos y perdió credibilidad financiera y en consecuencia, sin moneda funcional ni sistema de pagos alternativo, la economía se fragmentó en enclaves.
La estrategia comercial tampoco ayudó. Rusia nunca cerró exportaciones por orgullo político o ideológico y mantuvo ventas de gas, fertilizantes y combustible nuclear incluso a países sancionadores. Irán preservó mercados asiáticos con mucho pragmatismo mientras que Venezuela, en sus momentos álgidos, trató el comercio como un escenario discursivo y redujo voluntariamente su base de clientes, un lujo que solo pueden darse los países no sancionados.
Los populares transportes, Diablos Rojos, en Caracas © José Manuel Azconas
Desde la teoría de sistemas, el problema fue la pérdida de redundancia estatal. Tocqueville advertía que los sistemas colapsan cuando las instituciones dejan de cumplir funciones básicas antes de que el conflicto sea visible. Las sanciones actuaron como estrés externo sobre un aparato ya degradado y no como causa primaria resultando un colapso acelerado (y no un asedio prolongado).
Por lo tanto, las prospectivas son restrictivas. Incluso con alivios parciales de sanciones, la recuperación exige umbrales cuantificables y son datos expuestos por las instituciones internacionales y la propia Casa Blanca. La producción petrolera deberá sostenerse por encima de los 1.2 millones de barriles diarios, la inflación anual debe mantenerse a raya por debajo del 30% y comenzar reconstrucción mínima de reservas internacionales. Sin estos parámetros, no puede haber un repunte estructural.
La conclusión es técnica y deliberadamente por lo tanto, más allá de los titulares y las consignas de uno y otro sector es que Venezuela no colapsó sólo porque fue sancionada, sino que además careció de capacidad estatal para adaptarse. Las sanciones no son omnipotentes, pero siguen siendo implacables frente a Estados que confunden discurso con diseño institucional.
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