Trump no suelta a la presa

7 de agosto de 2025

Portada de Trump no suelta a la presa

La amenaza fue explícita y diseñada para no cumplirse. Si la Unión Europea no concreta el acuerdo firmado el 27 de julio de 2025 en Turnberry, Estados Unidos activará aranceles de 35% sobre productos europeos. Los $600.000 millones en inversiones prometidas no eran un objetivo económico, eran un instrumento de coerción, escenificado para dejar claro quién fija las condiciones. El Atlantic Council notó que esa cifra probablemente sea solo la suma de compromisos ya existentes de empresas europeas, como los $20.000 millones de Volkswagen o los $50.000 millones de AstraZeneca, no inversión nueva genuina. La inversión europea anual en Estados Unidos oscila entre $150.000 y $200.000 millones según Eurostat y la OCDE, así que alcanzar la cifra comprometida exigiría triplicar esos flujos durante tres años consecutivos, algo que no ocurrió ni en los ciclos de mayor convergencia transatlántica.

El mecanismo es gradual y eficaz, sin requerir una guerra comercial inmediata sino una secuencia de presiones selectivas, renegociaciones sectoriales y amenazas creíbles que erosionan la cohesión europea. El umbral crítico es la expectativa de que puede aplicarse, suficiente para inducir decisiones empresariales defensivas.

Ursula Von der Leyen y Trump en Turnberry, el pasado 27 de julio Ursula Von der Leyen y Trump en Turnberry, el pasado 27 de julio.

El trasfondo estructural explica por qué la amenaza resulta verosímil. Desde 2008, la Unión Europea perdió más de 20% de su participación en el PIB industrial mundial, mientras su déficit comercial con China superó los €400.000 millones en 2024. El 85% de los semiconductores y el 98% de las tierras raras refinadas que consume son importados, lo que convierte su base productiva en un sistema dependiente con baja resiliencia. La transición ecológica profundiza esa fragilidad, con turbinas, baterías y paneles solares provenientes mayoritariamente de cadenas de suministro asiáticas, y China controlando cerca de 70% del mercado global de refinación crítica.

Fría recepción de China a la delegación de la Unión Europea el pasado 24 de julio. Imagen de la TV China Fría recepción de China a la delegación de la Unión Europea el pasado 24 de julio. Imagen de la TV China.

Tras cortar el suministro ruso, Europa paga entre dos y tres veces más que Estados Unidos por gas natural licuado según la Agencia Internacional de Energía, mientras parte del gas siberiano sigue entrando vía intermediarios. Un diferencial energético sostenido superior a 50% frente a EEUU hace inviable la competitividad industrial a medio plazo, incluso con subsidios compensatorios.

Las decisiones corporativas confirman la lógica. Volkswagen canceló nuevas plantas en Alemania para relocalizarlas en Estados Unidos, atraída por los incentivos del Inflation Reduction Act, y Northvolt evalúa expandirse en Canadá. Cuando más de 30% de la inversión industrial planificada migra fuera del continente, el fenómeno deja de ser coyuntural y se vuelve estructural. En el ecosistema tecnológico ocurre algo similar: más de 40% de las startups europeas busca financiamiento fuera del continente, principalmente en Silicon Valley, y si el capital de riesgo doméstico no supera 1,5% del PIB frente al 3% estadounidense, la brecha de escalamiento se vuelve permanente.

Mapa de China según el francés D'Anville, en 1735 Mapa de China según el francés D'Anville, en 1735.

Del otro lado, hay que reconocer que la Unión Europea logró algo real en Turnberry: redujo la amenaza original de 30% a un techo de 15%, y el propio acuerdo excluye de aranceles sectores críticos como semiconductores y farmacéuticos. No es una capitulación total, es una negociación con resultado mixto. Pero ese matiz no cambia la asimetría de fondo: la reducción se logró a cambio de un compromiso de inversión que ni la propia Comisión Europea puede garantizar como autoridad pública, porque depende de decisiones privadas que Bruselas no controla. La UE ganó margen táctico y cedió la variable estructural.

El problema es sistémico. Energía cara, regulación fragmentada y alta incertidumbre política empujan al capital a salir, y Bruselas carece de instrumentos fiscales y financieros centralizados para revertirlo. En política exterior la ecuación es igual de estrecha, calibrando cada movimiento para no incomodar a Washington ni provocar a Pekín, y cuando más de 70% de su comercio exterior depende de potencias con agenda propia, la autonomía estratégica deja de ser operativa. Quien controla la infraestructura productiva fija las condiciones, quien solo regula se adapta. Europa conserva un mercado de más de 440 millones de personas, infraestructura avanzada y capital humano de alto nivel, pero sin una autoridad fiscal y energética común capaz de movilizar al menos 2% del PIB anual en inversión estratégica, cualquier plan seguirá siendo aspiracional. Trump no necesita ejecutar todas sus amenazas para obtener resultados acumulativos y medibles. La presa no tiene que ser devorada para quedar cercada.

Referencias

  • Euronews. (2025, 5 de agosto). Trump Threatens EU with 35% Tariffs if $600bn Investment Pledge Unfulfilled. https://www.euronews.com/my-europe/2025/08/05/trump-threatens-eu-with-35-tariffs-if-600bn-investment-pledge-unfulfilled
  • European Commission. (2025, 21 de agosto). EU-US Trade Deal Explained. https://commission.europa.eu/topics/trade/eu-us-trade-deal_hr
  • Atlantic Council. (2025, 29 de julio). Trump and von der Leyen Made a Deal. But the US and EU Are Drifting Apart on Trade. https://www.atlanticcouncil.org/blogs/new-atlanticist/trump-and-von-der-leyen-made-a-deal-but-the-us-and-eu-are-drifting-apart-on-trade/
  • International Energy Agency. (2025). Natural Gas Market Report. https://www.iea.org
  • Eurostat. (2024). EU Direct Investment in the United States. https://ec.europa.eu/eurostat