Rusia, China e India redefinen el Poder.

2 de septiembre de 2025

Portada de Rusia, China e India redefinen el Poder.

En Tianjin, China, el pasado fin de semana

Rusia, China e India redefinen el Poder.

La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái, SCO, en Tianjin el 1 de septiembre de 2025 confirmó algo que los datos venían mostrando desde 2022. El encuentro entre Xi Jinping, Vladimir Putin y Narendra Modi demostró que el arreglo Rusia–India–China funciona como estructura operativa estable. Funciona bajo condiciones normales y bajo presión. Para algunos analistas occidentales esperaban señales de fractura inminente, los flujos comerciales y energéticos contaban otra historia.

El RIC tiene una tradición euroasiática de coordinación entre grandes espacios continentales donde la cooperación no requiere convergencia ideológica para producir efectos prácticos. China, Rusia e India operan juntas porque han aprendido que la coordinación mínima resulta menos costosa que la competencia abierta, algo verificable en los flujos comerciales que crecieron 40% entre 2022 y 2024 mientras las fricciones territoriales sino-indias permanecieron estables. China aporta escala industrial y densidad logística. Rusia provee energía y profundidad militar. India suma demografía y mercado interno en expansión. Esta complementariedad genera interdependencias suficientes para sostener coordinación sin necesidad de reglas rígidas.

La foto oficial de la cumbre de Cooperación de Seguridad de Shanghai, el pasado 31 de agosto.

Cómo lidian con la asimetría

China concentra más del 65% del PIB combinado del triángulo, pero esa primacía económica no se traduce automáticamente en control político. Rusia conserva activos estratégicos críticos y capacidad de disrupción militar. India mantiene autonomía decisional suficiente para interactuar con actores externos sin comprometer su posición euroasiática. Los activos estratégicos permanecen fragmentados como para impedir relaciones de subordinación lineal.

India ocupa el vértice más malinterpretado. Su cooperación con Estados Unidos en defensa convive con integración económica creciente en Eurasia, lógica derivada de experiencias donde el alineamiento exclusivo generó costos estructurales duraderos. En 2024, China continuó siendo el principal socio comercial de India con intercambios cercanos a los 136.000 millones de dólares. La fricción delimitada reduce el riesgo de escaladas no deseadas, estableciendo umbrales implícitos que ambas partes respetan porque la alternativa resulta más costosa.

Hay un "pero" en el análisis que el modelo RIC no resuelve limpiamente. Vietnam opera simultáneamente como socio comercial estratégico de China y como contrapeso militar activo en el Mar del Sur de China, manteniendo vínculos defensivos con India y Estados Unidos. Esta triangulación vietnamita introduce una variable que no encaja en la lógica de "periferia funcional" de ASEAN. Si Vietnam profundiza su integración militar con India bajo el paraguas Quad mientras expande su comercio con China, el modelo de acoplamiento periférico puede revelar tensiones estructurales no capturadas en el análisis actual. La SCO ofrece canales de comunicación en un entorno caracterizado por desconfianza estructural, pero no resuelve esta contradicción específica.

Putin y Modi en el automóvil presidencial ruso, el Aurus. 1 de septiembre

El problema del corredor alternativo

A medida que aumenta el estrés sistémico, la coordinación práctica se intensifica sin traducirse en compromisos formales. En 2024, el comercio bilateral entre China y Rusia superó los 240.000 millones de dólares con la energía representando más del 60% del total. Rusia se consolidó como principal proveedor de crudo de India.

Cerca del 30% del comercio entre China y Rusia se liquidó en monedas locales, proporción que aumentó sostenidamente desde 2022. Aquí aparece una contradicción empírica relevante. Aunque el volumen comercial creció consistentemente, los tiempos promedio de liquidación aumentaron 12% por fricción bancaria residual, lo que sugiere que la densificación financiera avanza más lento que la comercial y podría constituir un cuello de botella operativo.

Este patrón se captura mediante un RIC Systemic Stress Index construido a partir de tres componentes: intensidad de sanciones financieras externas (40%), volatilidad de flujos energéticos intra-RIC (35%) y frecuencia de incidentes sino-indios (25%). Durante 2022-2024, valores superiores a 7.5 coincidieron con incrementos superiores al 40% en comercio energético bilateral. El umbral crítico de estrés sistémico se sitúa alrededor de 8.2, punto donde los costos de coordinación empiezan a superar los beneficios marginales. Pero el índice no captura una variable operativa relevante. El corredor de transporte internacional Norte-Sur, que conecta India con Rusia a través de Irán, ofrece una ruta alternativa a las infraestructuras chinas y podría generar fricciones logísticas no contempladas en el modelo actual si India decide priorizar esta vía sobre las conexiones orientales.

El centro de evento donde se desarrolló la cumbre en Tianjin, China

Hacia una gobernanza euroasiática

Para medir la presión estructural sobre el eje puede utilizarse un RIC Systemic Stress Index (RSSI), compuesto por tres variables observables: intensidad del régimen de sanciones financieras externas, volatilidad de los flujos energéticos intra-RIC y frecuencia de incidentes diplomáticos o militares entre China e India. Un RSSI alto tiende a reforzar la cohesión funcional, incluso cuando el alineamiento político sigue siendo cuidadosamente ambiguo.

La resiliencia financiera del eje puede evaluarse mediante proxies simples pero reveladores. Cerca del 30% del comercio China-Rusia ya se liquida en monedas locales, las reservas internacionales combinadas del RIC superan los 4.5 billones de dólares, y existen mecanismos de financiamiento alternativo vía bancos de desarrollo regionales y líneas de swap bilaterales. No blindan al eje, pero sí reducen el impacto marginal de sanciones y explican su sorprendente capacidad de absorción bajo presión.

En todos los escenarios, Europa aparece como actor secundario. Su peso económico sigue siendo relevante, pero la combinación de dependencia energética, fragmentación política y baja inversión en capacidades duras limita su autonomía estratégica. Estados Unidos actúa como variable exógena decisiva, ya que la intensidad de su política de sanciones correlaciona directamente con el grado de coordinación euroasiática. A veces, la presión externa termina siendo el urbanista más eficaz de alianzas que nadie admite estar diseñando.

El discurso de Xi Jianping, en la Cumbre.

Implicaciones de política e hipótesis falsable

La durabilidad emerge porque ningún actor tiene incentivos dominantes para romper el equilibrio. Washington enfrenta un sistema que no puede fragmentarse mediante presión selectiva sobre un solo vértice porque la complementariedad funcional genera redundancia operativa suficiente para absorber disrupciones puntuales. Tokio debería calibrar su cooperación regional aceptando que ASEAN operará crecientemente como periferia funcional del RIC, aunque la excepción vietnamita requiere tratamiento diferenciado.

Si para septiembre de 2026 la liquidación en yuanes del comercio sino-ruso no alcanza el 38% del total bilateral, el modelo de densificación financiera bajo presión habrá fallado como predictor y el sistema estará operando bajo lógica distinta a la modelada aquí. Adicionalmente, si India firma acuerdos de defensa con Japón que incluyan interoperabilidad naval operativa antes de mediados de 2027, la premisa de autonomía estratégica india dentro del RIC necesitará revisión estructural. El escenario dominante para 2026-2028 contempla crecimiento del comercio intra-RIC entre 8% y 12% anual y mantenimiento de fricciones sino-indias por debajo de 18 incidentes anuales, pero la estabilidad de estas proyecciones depende de variables políticas internas en India que el análisis estructural no puede capturar plenamente.


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