¿Quién se desangra primero?

9 de agosto de 2025

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¿Quién se desangra primero?

Xi Jinping dejó de discutir con Donald Trump porque entendió una regla básica del poder estadounidense. En Estados Unidos la legitimidad política se mide en Wall Street, no en el Congreso. El S&P500 funciona como un plebiscito diario. Cuando sube, la narrativa de control se consolida; cuando cae, la Casa Blanca entra en pánico táctico y busca culpables en la Reserva Federal o en China. Para Pekín, alterar expectativas en cadenas de suministro es más eficiente que cualquier negociación diplomática. Un ajuste creíble en semiconductores, logística o minerales críticos basta para que Bloomberg haga el resto.

Giovanni Arrighi anticipó este desplazamiento en Adam Smith en Pekín. Lo llamó dominación sin hegemonía, una situación en la que el poder material persiste mientras la capacidad de organizar el sistema se erosiona. Su distinción entre la vía occidental, basada en industrialización acompañada de expansión militar y acumulación por desposesión, y la vía oriental, centrada en economías industriosas altamente mercantilizadas sin coerción permanente, dejó de ser una hipótesis histórica. Hoy describe con precisión la relación sino-estadounidense.

El dilema de Malaca y la ilusión naval

El Estrecho de Malaca sigue siendo el talón de Aquiles más citado y peor leído. Aproximadamente el 75% de las importaciones energéticas chinas transitan por ese corredor, lo que permitiría a la marina estadounidense interrumpir flujos en menos de dos semanas. Pekín asumió esa vulnerabilidad como estructural y actuó en consecuencia. En lugar de disputar el mar con portaaviones, elevó el costo político del bloqueo hasta volverlo impracticable.

Indonesia, Malasia y Singapur comercian hoy más con China que con Estados Unidos, tanto en volumen como en inversión directa acumulada según FMI y UNCTAD. Cerrar Malaca implicaría para Yakarta sacrificar crecimiento, empleo industrial y estabilidad cambiaria, un costo domésticamente inasumible. El cuello de botella dejó de ser militar y pasó a ser electoral, una variable que Washington no controla.

El tráfico comercial en el Estrecho de Malaca, entre Singapur, Malasia e Indonesia.

Redundancia estratégica y poder silencioso

Por tierra, la lógica es idéntica y más estable. Oleoductos vía Myanmar, el corredor China-Pakistán y los trenes euroasiáticos hacia Europa reducen riesgo sistémico sin eliminarlo. La Nueva Ruta de la Seda no es ideología, es redundancia logística. A esto se suma un ecosistema institucional paralelo mediante BRICS, OCS y bancos regionales que replican funciones del FMI o el Banco Mundial sin condicionalidad política explícita. No hay confrontación frontal, hay sustitución funcional.

El punto de inflexión reciente fue el Anuncio61. China restringió exportaciones de tierras raras y productos derivados como respuesta a los controles tecnológicos estadounidenses. China concentra más del 60% de la extracción global y cerca del 85% del procesamiento, según la US Geological Survey y la IEA. Por primera vez, una potencia controla simultáneamente mineral, manufactura intermedia y logística del conocimiento. Si una planta en Múnich o Silicon Valley depende de neodimio refinado en China, Pekín decide si ese producto existe.

La mina Mountain Pass en California (source: NY Times)

Occidente llegó tarde por decisión propia. Durante décadas cerró minas por costos ambientales y financieros mientras China subsidiaba las suyas y absorbía externalidades. Hoy Washington acusa a Pekín de administrar el mundo como una cadena de suministro, una crítica peculiar viniendo del país que administró el sistema energético global entre 1945 y 2001. Entonces se llamó libre mercado; ahora se llama coerción.

Europa como variable dependiente

Europa observa desde una posición incómoda. Acepta aranceles del 15%, compromete más de 700mil millones de dólares en energía y firma contratos de rearme mientras mantiene una retórica de autonomía estratégica. Su problema es estructural, depende de insumos chinos para su industria y de garantías estadounidenses para su seguridad. Esa combinación reduce margen de maniobra año tras año y traslada costos políticos al interior del bloque.

(fuente: BBC)

Escenarios de desgaste

El escenario dominante es el de presión controlada, con una probabilidad cercana al 50%. China mantiene restricciones selectivas en minerales críticos y componentes aguas abajo sin cortar suministro total. La elasticidad de sustitución industrial occidental supera los 24meses, lo que implica desaceleraciones acumuladas de 1,5%-2% del PIB industrial en Estados Unidos y la Unión Europea. El costo es significativo pero políticamente absorbible, lo que permite a Pekín prolongar el desgaste.

El segundo escenario es el de escalada económica asimétrica, con una probabilidad aproximada del 30%. China amplía controles a productos intermedios y servicios logísticos, mientras Estados Unidos responde con sanciones financieras secundarias y ampliación de controles tecnológicos. El umbral crítico aparece cuando la inflación industrial supera el 4% sostenido en economías OCDE, forzando intervención monetaria en contextos electorales. El FMI estima pérdidas de crecimiento global cercanas al 5% y una fragmentación estable de cadenas de valor.

El escenario de bloqueo político-militar fallido tiene una probabilidad inferior al 15%. Washington intenta coerción indirecta sobre Malaca sin cierre formal. El costo político para Indonesia y Malasia supera el beneficio estratégico, debilitando el alineamiento regional y acelerando la desdolarización comercial en el Sudeste Asiático.

La desvinculación total queda por debajo del 5%. Requiere aceptar pérdidas superiores al 5% del PIB durante varios años consecutivos. Ese umbral es incompatible con ciclos electorales de cuatro años y con sistemas financieros altamente apalancados, por lo que funciona más como amenaza que como opción real.

Cierre

Esta es la transición que Arrighi describió sin dramatismo. Estados Unidos conserva poder, pero pierde capacidad de producir consenso, mientras China amplía influencia sin necesidad de proyectar fuerza. No emerge un nuevo imperio. Emergen incentivos nuevos. Y en ese sistema, el que sangra primero no es el que grita más fuerte, sino el que depende de elecciones cada cuatro años.


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