¿Quién derrotó al nazismo?

7 de mayo de 2026

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Ochenta años después del colapso del Tercer Reich, la Segunda Guerra Mundial opera como recurso geopolítico activo, terreno donde se disputan legitimidades presentes y se jerarquizan actores dentro del relato occidental. Menos de la mitad de los Estados miembros de la Unión Europea alcanzaba el 2% del PIB en gasto militar en 2024, diez años después de que la anexión de Crimea prometiera un giro estratégico que nunca se materializó a escala. Ese desfase responde a una limitación industrial de fondo, más que presupuestaria: incluso con aumentos de gasto, Europa no puede escalar producción de municiones, defensa aérea y logística crítica en menos de 24 a 36 meses, un límite que fija el techo práctico de cualquier autonomía declarada. El diseño original de Europa privilegió domesticar Estados mediante reglas y consenso por sobre competir en un mundo de poder duro, y ese diseño funcionó mientras el entorno fue estable, Estados Unidos garantizó seguridad y el crecimiento compensó la lentitud decisoria.

El llamado "orden internacional basado en reglas" operó durante décadas como una coartada que permitió convertir dependencia estratégica en superioridad normativa. Mientras Washington protegía y Pekín producía, Bruselas regulaba, y el problema aparece cuando la regulación deja de apoyarse en capacidades materiales propias. La retirada de Angela Merkel dejó al descubierto que no había una segunda línea estratégica detrás de ella, solo administración del statu quo, mientras Macron exhibe ambición sin base industrial y Alemania gestiona la parálisis de su propia coalición.

Trump y la modestia histórica: “Nadie hizo más que EE.UU.” Trump y la modestia histórica: “Nadie hizo más que EE.UU.”

La economía confirma el diagnóstico. Cerca del 40% del gas europeo continúa vinculado directa o indirectamente a Rusia mediante intermediarios, China controla más del 70% del refinado global de tierras raras, y Alemania exporta a China alrededor de €96.000 millones anuales pero importa más de lo que vende. La interdependencia funciona de manera persistentemente asimétrica, y a esa realidad se suma un diferencial energético que obliga a la industria europea a pagar entre dos y tres veces más por energía que la estadounidense, un umbral que incentiva de forma automática la relocalización productiva hacia fuera del continente.

Estados Unidos entendió que la transición energética es política industrial dura y actuó mediante el Inflation Reduction Act, que movilizó subsidios directos a gran escala. Europa respondió con debates regulatorios y coordinación incompleta, lo que ya se traduce en decisiones empresariales concretas: entre 35% y 40% de las nuevas inversiones industriales europeas de gran escala se anunciaban a comienzos de 2025 fuera del continente, un umbral que, sostenido, implica pérdida de ecosistema productivo difícil de revertir. El poder regulatorio europeo sigue existiendo, pero las grandes tecnológicas ya internalizaron su costo como precio de acceso al mercado, incapaz ya de alterar decisiones de localización o inversión.

El contraargumento más razonable sostiene que Europa conserva activos que ninguna cifra de gasto militar captura: un mercado de más de 440 millones de personas, capacidad regulatoria de alcance global y una red diplomática extensa que ni Washington ni Pekín pueden replicar fácilmente. Es cierto que esos activos existen. Pero sin conversión estratégica, es decir, sin que defensa, industria y energía dejen de operar en compartimentos separados, esos activos se deprecian frente a un entorno que exige integración, y ningún mercado de consumo por sí solo compensa la ausencia de capacidad productiva propia en sectores críticos.

“Es el Ejército ruso quien ha hecho el trabajo principal de desgarrar las entrañas del ejército alemán.” — Winston Churchill, Cámara de los Comunes, 2 de agosto de 1944.

Tres escenarios se perfilan hacia adelante. El de ajuste tardío eleva el gasto en defensa hacia 2,5-3% del PIB y flexibiliza reglas de ayuda estatal, reduciendo la asimetría política sin generar autonomía plena. El más probable es la inercia fragmentada, donde los Estados responden de forma nacional a shocks comunes y preservan soberanía formal a costa de eficacia colectiva. El más problemático es el deslizamiento estratégico: si coinciden estancamiento económico, presión fiscal y fatiga política respecto a Ucrania, Europa se consolida como actor normativo sin capacidad coercitiva, produciendo reglas que otros cumplen de forma selectiva. ¿Cuánto de ese deslizamiento tendría que acumularse, medido en inversión industrial perdida frente a EE. UU. y China, para que la brecha deje de ser gestionable con ajustes marginales y exija la integración que Europa hoy sigue evitando?

Beanpole (Дылда, 2019), o cómo fue superar, desde lo humano, el asedio de Leningrado. Beanpole (Дылда, 2019), o cómo fue superar, desde lo humano, el asedio de Leningrado.

Epílogo: La memoria selectiva

La derrota del nazismo fue el resultado de una coalición amplia, pero la destrucción material de la capacidad militar alemana ocurrió sobre todo en el frente oriental. El historiador Rüdiger Overmans, en el estudio más citado sobre bajas alemanas en la Segunda Guerra Mundial, calculó que cerca del 80% de las pérdidas militares alemanas del conflicto se produjeron ahí, con más de 2,7 millones de soldados muertos solo hasta fines de 1944. La Unión Soviética pagó ese desgaste con aproximadamente 27 millones de muertos, 8,7 millones militares y 19 millones civiles según estimaciones convergentes de historiadores occidentales. Negar ese peso relativo equivale a maquillar la historia para consumo distante.

Esos millones no son un apéndice incómodo del relato occidental ni un daño colateral narrativo. La memoria selectiva sobre el frente oriental funciona como propaganda retrospectiva de baja intensidad, lejos del homenaje o el juicio moral serio que pretende parecer. En tiempos de rusofobia vintage y nacionalismos gourmet, recordar ese peso se vuelve incómodo, y por eso se banaliza con la misma facilidad con que se banaliza todo lo que exige revisar un relato cómodo.

Persistir en una versión que invisibiliza ese hecho es una decisión política, y como toda decisión política empobrece el análisis del presente cuando se sostiene por comodidad antes que por evidencia. La próxima vez que alguien te diga que Estados Unidos salvó al mundo, sonreí, asentí, y preguntale cuántos murieron en la ofensiva soviética hacia el Vístula y el Óder, donde el Ejército Rojo perdió más de 43.000 hombres solo en las primeras semanas de 1945, o cuántos españoles fueron enviados a Mauthausen tras la caída de Francia. La cifra ronda los 7.500, y cerca de 5.000 no volvieron. Spoiler: no lo va a saber. Ahí empieza la conversación de verdad.

Referencias

  • Consejo Europeo. (2025). La política de defensa de la UE en cifras. https://www.consilium.europa.eu/es/policies/defence-numbers/
  • Parlamento Europeo. (2024). Defensa: el refuerzo de la seguridad en la UE. https://www.europarl.europa.eu/topics/es/article/20190612STO54310/defensa-el-refuerzo-de-la-seguridad-en-la-ue
  • Agencia Internacional de Energía. (2023). World Energy Outlook 2023. https://www.iea.org/reports/world-energy-outlook-2023
  • Instituto Español de Estudios Estratégicos. (2023). El gas ruso y la seguridad energética europea. https://www.ieee.es/Galerias/fichero/docs_analisis/2023/DIEEEA67_2023_FELSAN_Caucaso.pdf
  • Wikipedia. (2025). Plan ReArmar Europa / Preparación 2030. https://es.wikipedia.org/wiki/Plan_ReArmar_Europa/Preparaci%C3%B3n_2030