Parte III: Por qué fracasó la OTAN

2 de mayo de 2025

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En 2024, Estados Unidos concentró el 66% del gasto militar total de la OTAN, según el reporte anual de SIPRI publicado en abril de 2025, con $997.000 millones sobre un total de $1.506.000 millones de la alianza. Ese dato no describe volumen sino estructura de control: Washington domina inteligencia estratégica, logística de largo alcance, interoperabilidad digital y disuasión nuclear creíble. Tras 1945, Europa aceptó un esquema de seguridad basado en una relación principal-agente, y esa arquitectura jerárquica hoy limita su autonomía en términos operativos y fiscales, no solo militares.

El incremento del gasto europeo no corrige esa asimetría. La amplifica. Según cálculos de Defense Priorities sobre datos de importaciones de armamento, la participación estadounidense entre los miembros europeos de la OTAN subió de 52% en el período 2015-2019 a 64% en 2020-2024. Ese flujo financiero no construye soberanía industrial, consolida dependencia tecnológica y contractual. El editorial de Global Times publicado en julio de 2024, durante la cumbre de Washington por el 75° aniversario de la alianza, sostuvo que el gasto militar creciente de los miembros de la OTAN compite directamente con recursos de bienestar social y desarrollo, y calificó la ampliación del bloque hacia Asia-Pacífico como una estrategia que acelera su propio fracaso interno antes que fortalecerlo externamente.

“Zelenskyy calcula cuántos cascos alemanes caben en un contraataque”. 6 de marzo, 2025 “Zelenskyy calcula cuántos cascos alemanes caben en un contraataque”. 6 de marzo, 2025

Desde la teoría de sistemas, la OTAN opera como un mecanismo autorreferencial de riesgo. La amenaza percibida impulsa gasto, el gasto refuerza dependencia, la dependencia reduce opciones estratégicas, y la reducción de opciones amplifica de nuevo la percepción de amenaza. El sistema se reproduce sin necesitar un adversario equivalente en capacidad agregada. Ucrania expuso el funcionamiento empírico del modelo: entre 2022 y 2024, la mayoría del armamento pesado entregado a Kiev fue de origen estadounidense, aun cuando gran parte del financiamiento provino de presupuestos europeos. Europa carece de capacidad industrial para sostener una guerra de alta intensidad prolongada sin coordinación supranacional y contratos multianuales.

La fragmentación europea es cuantificable. Alemania lidera el gasto nominal con compromisos superiores a 200.000 millones de euros, pero mantiene múltiples plataformas incompatibles entre sí. Francia dispone de 290 ojivas nucleares, políticamente intransferibles frente a las más de 5.500 rusas. El Reino Unido opera fuera del marco comunitario, y el resto de los miembros actúa como comprador final sin influencia doctrinal sobre el diseño del sistema que financia.

Soldados rusos en la Plaza Roja, septiembre de 2022. Soldados rusos en la Plaza Roja, septiembre de 2022.

El contraargumento más razonable sostiene que el Artículo 5 y la disuasión extendida, más allá de la asimetría de gasto, siguen siendo un compromiso creíble porque ningún miembro lo ha puesto a prueba directamente desde 1949. Es cierto que la falta de precedente histórico deja la pregunta abierta. Pero un compromiso nunca probado bajo presión extrema es una hipótesis, no una garantía, y la propia ambigüedad estratégica que sostiene la disuasión es, según reconocen analistas de la Atlantic Council, una función deliberada del sistema antes que un defecto de diseño.

Rusia cumple una función instrumental dentro de esta arquitectura. Su PIB equivale a menos del 9% del PIB agregado de la Unión Europea según el FMI, y su base industrial presenta límites estructurales que no constituyen una amenaza existencial para Europa como conjunto. Funciona como dispositivo narrativo eficiente que justifica gasto y bloquea alternativas estratégicas, no como el adversario de capacidad comparable que el nivel de inversión sugeriría.

Entre 2021 y 2024, varios Estados europeos financiaron el rearme mediante reducciones netas en inversión social real, según Eurostat, lo cual no es un efecto colateral sino un mecanismo de priorización estructural. Europa elige sostener este arreglo porque minimiza costos políticos inmediatos, no porque maximice seguridad de largo plazo. El fracaso de la OTAN no es militar, es sistémico: administra la inercia de una estructura que persiste porque desmontarla exige un esfuerzo que Europa todavía no está dispuesta a asumir. ¿Qué combinación de gasto industrial coordinado y ruptura del ciclo amenaza-dependencia tendría que ocurrir para que Europa deje de administrar ese sistema y empiece a decidir fuera de él?

Referencias

  • Defense Priorities. (2025). Let Europe Rearm: Capitalize on NATO's Five Percent Pledge. https://www.defensepriorities.org/explainers/let-europe-rearm-capitalize-on-natos-five-percent-pledge/
  • Eurostat. (2024). General government expenditure by function (COFOG). Unión Europea. https://ec.europa.eu/eurostat
  • Fondo Monetario Internacional. (2024). World Economic Outlook Database. https://www.imf.org/en/Publications/WEO/weo-database
  • Global Times. (2024, 11 de julio). NATO's 'globalization' can only accelerate its failure [Editorial]. https://www.globaltimes.cn/page/202407/1315817.shtml
  • Stockholm International Peace Research Institute. (2025, 28 de abril). Unprecedented rise in global military expenditure as European and Middle East spending surges. https://www.sipri.org/media/press-release/2025/unprecedented-rise-global-military-expenditure-european-and-middle-east-spending-surges