Parte I: Por qué Estados Unidos ya perdió

13 de abril de 2025

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Empecemos por el principio. La historia suele repetirse primero como ilusión, después como ansiedad y finalmente como una presentación corporativa con gráficos descendentes. La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) proyectó en febrero de 2026 que la deuda federal estadounidense pasará del 99% del PIB a cierre de 2025 al 120% en 2036, con pagos de intereses que superan ya el billón de dólares anuales, más que el gasto en Medicare o defensa. Ese dato no describe un desequilibrio coyuntural sino el agotamiento de un modelo donde Estados Unidos apostó a que integrar a China al sistema comercial global produciría convergencia política, y construyó tres décadas de política exterior sobre esa premisa no verificada.

La apuesta tenía una cara comercial concreta ya que Washington asumió que abrir mercados generaba asimilación ideológica, cuando en realidad abría una ventana de transferencia tecnológica que Beijing administró con disciplina de Estado. La integración económica y la convergencia política resultaron variables independientes, no una sola curva. Mientras en Washington se discutía sobre "stakeholders responsables", China estudiaba el sistema, adquiría posiciones dentro de él y terminaba rediseñando partes de su arquitectura. Y tal como en la fábula del escorpión y la rana, el dragón respondió que ser imperio también estaba en su naturaleza.

Durante ese mismo período, Estados Unidos decidió que fabricar cosas era opcional, optó por financiarización, deslocalización productiva y supremacía tecnológica blanda. China hizo lo contrario. Construyó puertos, ferrocarriles, cadenas logísticas, capacidad energética y músculo industrial. Acumuló capacidad material mientras Washington exportaba deuda y servicios financieros.

Capitalismo de Estado con sabor a BigMac

El costo de esa apuesta es medible en un sector específico. El Congressional Research Service documenta que la participación estadounidense en la manufactura global de semiconductores cayó de 37% en 1990 a 10-12% en 2022, y que la CHIPS and Science Act de 2022 comprometió $52.700 millones, con $39.000 millones destinados a construir plantas de fabricación, para revertir esa caída, un giro que llega como admisión tardía frente a una estrategia que China ya tenía en marcha desde su ingreso a la OMC. Para enero de 2025 el programa había desembolsado hasta $30.700 millones en 40 proyectos de manufactura comercial, y varios de los fabs más citados, como el de TSMC en Phoenix, retrasaron su arranque de 2024 a 2025 por escasez de mano de obra especializada. El Estado que subsidia tarde compite contra un rival que planificó desde el ingreso a la Organización Mundial del Comercio.

Ese ingreso fue una estrategia declarada del Consejo de Estado chino, que publicó en 2018 un libro blanco titulado China and the World Trade Organization, donde documenta que el arancel promedio a manufacturas cayó de 14,8% en el momento de la accesión a 7,4% dos décadas después, y que el país abrió cerca de 120 subsectores de servicios, veinte más de lo comprometido en 2001. La apertura comercial funcionó como instrumento de acumulación de capacidad para Beijing, y el propio documento oficial lo enmarca como continuidad de la política de reforma iniciada en 1978, no como concesión al sistema occidental.

✳︎ (Spoiler Alert: no mejora)

El contraargumento más sólido contra esta lectura viene de economistas como Robert Lawrence, de Harvard, quien sostuvo que la pérdida de empleo manufacturero estadounidense responde más a productividad y demanda interna estancada que a la competencia china directa. Es un punto real. Pero explica la pérdida de empleos, no la pérdida de capacidad instalada ni la dependencia en insumos críticos, que es la variable que el propio Congreso identificó como riesgo de seguridad nacional al aprobar la CHIPS Act. Un sector puede perder empleos por productividad y perder soberanía tecnológica por otra causa distinta, ambas cosas no se cancelan entre sí.

La financiarización operó como anestesia sobre este proceso. Wall Street ofreció rendimientos que sustituyeron salario industrial por crédito barato durante dos décadas mientras la estructura productiva se vaciaba en silencio. Ahora ni ese consuelo es sostenible: la CBO calcula que el déficit fiscal promediará 6,1% del PIB entre 2027 y 2036, muy por encima del promedio histórico de 3,8%, financiado con una deuda cuyo servicio ya compite con el gasto militar y social. Un Estado que planifica tarde, dividido y endeudado compite en desventaja estructural frente a uno que ahorra internamente y coordina con horizonte de década.

Washington terminó copiando el modelo que denunció durante años: aranceles, subsidios directos, controles a la inversión extranjera, sin resolver el problema de fondo, que es temporal, no doctrinal. El desfase no se cierra con más gasto público si la arquitectura política que lo aprueba sigue operando en ciclos de dos años. ¿Qué combinación de disciplina fiscal y continuidad de política industrial, sostenida más allá de una sola administración, tendría que ocurrir para que esa brecha de tres décadas deje de ampliarse en vez de solo administrarse?

Referencias

  • Congressional Budget Office. (2026, febrero). The Budget and Economic Outlook: 2026 to 2036. https://www.cbo.gov/publication/62105
  • Congressional Research Service. (2025). Semiconductors and the CHIPS Act: The Global Context. https://www.congress.gov/crs-product/R47558
  • EveryCRSReport. (2026). Semiconductor Fabrication Facilities Funded by the CHIPS Act: Project Status and Considerations for Congress. https://www.everycrsreport.com/reports/R49031
  • Lawrence, R. Z. (2013). US Employment Deindustrialization: Insights from History and the International Experience. Harvard Kennedy School, Mossavar-Rahmani Center for Business and Government. https://www.hks.harvard.edu/centers/mrcbg/programs/growthpolicy/us-employment-deindustrialization-insights-history-and
  • Manufacturing Dive. (2026, julio). Tracking CHIPS and Science Act Awards. https://www.manufacturingdive.com/news/chips-and-science-act-tracker-semiconductor-manufacturing/734039/
  • State Council Information Office of the People's Republic of China. (2018). China and the World Trade Organization [Libro blanco]. http://english.scio.gov.cn/whitepapers/2018-06/28/content_53828503.htm