El Foro Económico de Davos ha dejado de funcionar como instancia de coordinación occidental y se convirtió en un espacio donde se revelan tensiones estructurales acumuladas. Ya no hay consensos sino que expone flaquezas. El primer ministro canadiense Mark Carney recibió una ovación de pie en el Foro Económico de Davos el 20 de enero de 2026 al declarar que el orden global basado en reglas había terminado, y que las "potencias medianas deben actuar juntas porque si no estás en la mesa, estás en el menú". Un día antes, Trump había publicado en Truth Social una foto generada por IA de Canadá y Groenlandia envueltas en la bandera estadounidense. El discurso no fue retórica suelta, llegó una semana después de que Carney visitara Beijing, el primer viaje de un primer ministro canadiense a China desde 2017, donde selló un acuerdo que redujo aranceles del 100% sobre vehículos eléctricos chinos a cambio de nuevos mercados para el canola canadiense.
La respuesta de Trump confirmó la lectura del artículo: acusó a Carney de "desagradecido", revocó la invitación de Canadá al "Board of Peace" que Washington promueve para mediar conflictos globales, y amenazó con aranceles del 100% si Ottawa avanzaba con China. Carney no retrocedió: en una llamada telefónica del 26 de enero, le confirmó a Trump que había cerrado 12 acuerdos comerciales en cuatro continentes en seis meses, y que mantenía cada palabra de Davos.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, protagonista en Davos © AFP
El comercio bilateral entre Estados Unidos y Canadá supera los $700.000 millones anuales y sostiene cadenas de suministro críticas en energía, manufactura y alimentos. Esa densidad hace inviable una ruptura abrupta, pero no bloquea un deterioro estratégico progresivo. Precisamente por esa dependencia, Canadá necesitaba capacidad de señalización creíble, y Carney, exgobernador tanto del Banco de Canadá como del Banco de Inglaterra, tenía el capital político para hacerlo visible sin romper la relación de fondo.
Groenlandia como antesala
El episodio de Groenlandia funcionó como catalizador de la crisis. Por primera vez, la presión territorial sobre un espacio europeo provino del propio garante de seguridad de la OTAN, introduciendo una anomalía estructural en una alianza diseñada para disuadir amenazas externas, no para procesar coerción desde su núcleo hegemónico. Para Estados Unidos, presionar a un aliado implica costos marginales y reversibles. Para Europa, implica riesgos existenciales vinculados a la credibilidad del Artículo 5.
Europa observa desde una fragilidad material persistente: la Unión Europea crece por debajo del 1% anual y mantiene un gasto agregado en defensa cercano al 1,7% del PIB, frente a más del 3,5% estadounidense, buena parte del cual retorna a la propia industria de defensa norteamericana. Más del 70% de las capacidades europeas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento dependen de plataformas estadounidenses, al igual que el transporte estratégico y la defensa antimisiles. Veintisiete ejércitos distintos comparten una sola vulnerabilidad.
Imagen de IA generada por el propio Trump durante esta semana para presionar a Europa © Truth Social.
El contraargumento más razonable es que el gesto de Carney es simbólico, no estructural: Canadá sigue dependiendo de EEUU para más del 75% de sus exportaciones, y ningún acuerdo con China o India revierte esa asimetría en el corto plazo. Es cierto, y el propio Carney lo reconoció al aclarar que su acuerdo con Beijing "solo recorta aranceles impuestos recientemente en algunos sectores", no un giro estratégico completo. Pero el valor del gesto no está en su magnitud comercial inmediata, está en que rompió el supuesto de alineamiento automático que sostenía la relación desde 1945, y otros aliados medianos ya están observando si ese margen de maniobra es replicable.
El escenario más probable es la continuidad adaptativa: la crisis se administra, se evita la ruptura abierta, y se normaliza el precedente, mientras China capitaliza el entorno sin protagonismo retórico, concentrando más del 30% de la capacidad manufacturera global. Un segundo escenario contempla erosión de la credibilidad aliada, con algunos actores europeos explorando canales con Rusia en el flanco oriental y el Ártico. El escenario correctivo, el menos probable, exigiría inversión sostenida en capacidades europeas integradas durante una década completa. ¿Cuántos aliados medianos más necesitan replicar el gesto de Carney, cada uno diversificando un poco más lejos de Washington, antes de que la suma de gestos individuales se convierta en la ruptura estructural que ninguno buscaba provocar por separado?
El foro de Davos aparece conceptualmente desfasado. Fue diseñado como infraestructura de consenso para la globalización financiera y hoy hospeda discursos que cuestionan sus propios supuestos. La desglobalización parcial no implica aislamiento, sino jerarquización selectiva de interdependencias.
Referencias
- Reuters. (2026, 22 de enero). Trump's Rhetoric Rallies Canadian Support for Prime Minister Mark Carney. https://www.aol.com/articles/trumps-rhetoric-rallies-canadian-support-110129614.html
- CNBC. (2026, 27 de enero). Canada's Carney to Trump: 'I Meant What I Said in Davos'. https://www.cnbc.com/2026/01/27/carney-trump-bessent-davos.html
- Global Finance Magazine. (2026, 3 de febrero). Carney's Mic-Drop Speech at Davos. https://gfmag.com/economics-policy-regulation/carneys-mic-drop-speech/
- PBS NewsHour / Associated Press. (2026, 27 de enero). Carney Says He Told Trump 'I Meant What I Said' in His Davos Speech on Trade Policy. https://www.pbs.org/newshour/world/carney-says-he-told-trump-i-meant-what-i-said-in-his-davos-speech-on-trade-policy
- International Institute for Strategic Studies. (2024). The Military Balance 2024. Routledge.
- European Council on Foreign Relations. (2023). European Strategic Autonomy and Transatlantic Relations. ECFR.
