Ochenta años después de la primera detonación nuclear en Nuevo México, la analogía dominante para pensar la inteligencia artificial sigue siendo la bomba atómica. Es intuitiva y políticamente rentable, pero un tanto imprecisa. La IA no es un arma. Es una infraestructura. Y las infraestructuras no se disuaden, se controlan, se dominan o se pierden.
La disuasión nuclear funcionó porque las armas atómicas eran medibles, verificables y con efectos lineales que ambas partes reconocían. Thomas Schelling, el economista que definió la disuasión como el arte de la coerción, lo formuló en 1966: la credibilidad de una amenaza depende de que el adversario pueda interpretarla como inevitable y devastadora. La IA no ofrece ninguna de esas condiciones. Es difusa, civil y militar a la vez, replicable a velocidad de red y de doble uso estructural. No existe un Tratado de No Proliferación para algoritmos. El uranio enriquecido se custodia con décadas de protocolo; el código se copia antes de que termine esta oración.
El error de la analogía nuclear es de categoría.
Schelling describió la disuasión como la manipulación del riesgo mediante amenazas mutuamente reconocidas. La IA introduce lo contrario: opacidad algorítmica, compresión de tiempos de decisión y ausencia de señales interpretables. Robert Jervis, el politólogo que aplicó la psicología cognitiva al estudio de la guerra, demostró en 1976 que los sesgos cognitivos distorsionan sistemáticamente la lectura de intenciones adversariales. Un sistema autónomo que actúa sin intervención humana reconocible no solo elimina el tiempo de deliberación, sino la señal misma que hace posible la disuasión. El equilibrio estratégico global ya no se mide en megatones sino en petaflops, y ese desplazamiento carece de doctrina equivalente.

Sam Altman, dueño de ChatGPT y J. Robert Oppenheimer, líder del proyecto Manhattan.
La IA no es un arma porque es el medio en el que los productos funcionan. Su desarrollo requiere energía, materiales y cadenas de suministro que ninguna potencia controla por completo. La firma Gartner proyecta que el consumo eléctrico de los centros de datos pasará de 448 TWh en 2025 a 980 TWh en 2030. Los servidores optimizados para IA representarán el 44% de ese consumo. La Agencia Internacional de la Energía confirma que China concentra más del 90% de la producción de grafito de batería y el 80% de las tierras raras, mientras el Cono Sur latinoamericano controla el 60% del litio global. Una interrupción en esas cadenas no es un escenario de guerra fría. Es un riesgo de mercado con consecuencias geopolíticas inmediatas y sin mecanismo de arbitraje establecido.
Goldman Sachs estima que 300 millones de empleos están expuestos a automatización por IA generativa, con el 60% concentrado en economías avanzadas, donde el 30% de las horas trabajadas podría automatizarse. No son escenarios de largo plazo: son transformaciones estructurales en curso que reconfiguran la base fiscal de los Estados y la composición de sus fuerzas laborales. La carrera es militar y económica porque es una reorganización de la estructura productiva global. Los países que la tratan como un problema de soberanía tecnológica, en lugar de eficiencia operacional, acumulan una ventaja que los demás aún no han comenzado a calcular.
La asimetría de ejecución revela quién ha entendido esto.
China codificó su doctrina de "guerra inteligentizada" en el Science of Military Strategy de 2020, integrando IA en sistemas de mando, control y procesamiento de inteligencia en tiempo real. Su política de fusión civil-militar convierte empresas como DeepSeek en proveedores del Ejército Popular de Libración. A lo largo de 2025, docenas de contratos de adquisición del EPL referenciaron modelos DeepSeek para análisis de entorno de combate y decisiones en enjambres de drones. Norinco presentó en febrero de 2025 un vehículo autónomo operado por DeepSeek para misiones de combate. Rusia declaró que sus complejos misilísticos estratégicos incluirán sistemas robóticos con IA integrada para 2030.

Flow-er Fields © Andreion De Castro
El programa Replicator del Pentágono, en contraste, prometía desplegar miles de sistemas autónomos para agosto de 2025. Entregó cientos, según el Congressional Research Service. Fue disuelto a finales de ese año y absorbido en el Defense Autonomous Warfare Group, con una solicitud presupuestaria de 54.600 millones de dólares para FY2027. El déficit no es tecnológico: es capacidad de ejecución industrial acoplada a decisión política. Ese es el diagnóstico que la analogía nuclear oculta.
Si la IA es infraestructura, no arma, el problema estratégico cambia por completo. En la disuasión nuclear, el primer golpe implicaba aniquilación garantizada para ambas partes. En la IA, la ventaja del first-mover es acumulativa. Quien despliega antes sistemas autónomos integrados en cadenas de decisión obtiene un dominio que se profundiza con cada iteración de entrenamiento. Esto no genera equilibrio: genera incentivos para avanzar sin regulación ni comunicación estratégica estable. No hay líneas rojas. No hay canales de verificación equivalentes a los del período nuclear.
Las democracias enfrentan límites normativos para desplegar IA militar políticamente controvertida. Beijing o Washington pueden poner en servicio sistemas inmaduros si la ventaja táctica lo justifica. Esa asimetría no garantiza superioridad china o estadounidense, pero sí una disposición al riesgo que el adversario no puede calibrar con precisión.
La implicación que el debate público omite es que si la disuasión requiere tiempo para señalizar, interpretar y responder, y la IA reduce ese tiempo a milisegundos mientras opacifica las señales, el sistema internacional no converge hacia un nuevo equilibrio estable. Converge hacia uno donde la primera crisis de interpretación algorítmica entre potencias nucleares no tendrá el espacio de negociación que tuvo Cuba en 1962.
Referencias
- Schelling, T. C. (1966). Arms and Influence. Yale University Press.
- Jervis, R. (1976). Perception and Misperception in International Politics. Princeton University Press.
- Goldman Sachs. (2023, March). The potentially large effects of artificial intelligence on economic growth. Goldman Sachs Global Investment Research.
- Gartner. (2025, November). Electricity demand for data centers to grow 16% in 2025 and double by 2030. Gartner Newsroom.
- IEA. (2024). Global Critical Minerals Outlook 2024. International Energy Agency.
- PLA. (2020). Science of Military Strategy [战略学, 3rd ed.]. National Defense University Press.
- Kremlin. (2019, October 10). Decreto N°490: Estrategia Nacional de IA hasta 2030. Kremlin.ru.
- Jamestown Foundation. (2025, November). DeepSeek use in PRC military and public security systems. China Brief, 25(22).
- Reuters. (2025, October 27). China's DeepSeek AI becomes core of military modernisation.
- Congressional Research Service. (2025, August). The Replicator Initiative: Background and issues for Congress.
