La carrera nanométrica por los semiconductores

31 de marzo de 2025

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La carrera nanométrica por los semiconductores

La industria de los semiconductores terminó funcionando como un radar adelantado del reordenamiento del poder global. La capacidad de fabricar chips avanzados se convirtió en una variable estructural de poder estatal, comparable a la energía o a las finanzas en el siglo XX. Desde ese punto, el debate dejó de ser industrial y pasó a ser geopolítico en sentido estricto.

A partir de 2023, la eficiencia dejó de ser el objetivo dominante; la resiliencia pasó a ocupar su lugar. Esa transición explica casi todas las decisiones que, vistas aisladamente, parecían contradictorias o antieconómicas.

El Rey de los Nanómetros

TSMC consolidó una posición que desafía los marcos clásicos de la economía política. Una empresa privada convertida en infraestructura crítica global, con impacto directo sobre la seguridad nacional de Estados Unidos, China y sus aliados. En 2024 controlaba cerca del 60% del mercado mundial de foundries y más del 90% de los nodos por debajo de 5nm, según datos de la Semiconductor Industry Association y TrendForce.

El avance hacia nodos sub–2nm fue incremental. Ese detalle es clave. El poder de TSMC reside en sostener yields elevados de forma consistente, algo que depende menos de capital y más de conocimiento tácito acumulado durante décadas. Ese activo no se replica con subsidios ni transferencias forzadas.

TSMC en Taiwán.

La dependencia de la litografía EUV, dominada por ASML, terminó de fijar un dato estructural. Ningún actor controla la cadena completa. La soberanía tecnológica total es una construcción discursiva: Estados Unidos domina el diseño, Europa controla el cuello de botella, Asia Oriental fabrica. El sistema funciona precisamente porque nadie lo controla por completo.

China y la racionalidad del desgaste

Las sanciones tecnológicas impuestas desde 2022 produjeron fricción industrial chino ya que SMIC logró fabricar chips de 7nm utilizando litografía DUV con multipatterning, con tasas de defecto cercanas al 40%. El dato relevante es la demostración de capacidad bajo restricción.

China respondió como suelen hacerlo los Estados que piensan en horizontes largos. Aceptó ineficiencias extremas a cambio de continuidad estratégica. El “Big Fund” superó los 50 mil millones de dólares en inversiones directas, complementado por subsidios provinciales y compras públicas garantizadas. El objetivo fue evitar la interrupción total del aprendizaje tecnológico.

Clientes ven la presentación de los smartphones Huawei Pura 70 en Shanghái, abril de 2024.

El discurso sobre saltos hacia materiales alternativos funcionó como herramienta estratégica. Introducir incertidumbre en la planificación ajena es, en sí mismo, una forma de poder. Bastaba con mantener abiertas trayectorias no controladas por Occidente.

Estados Unidos y la renuncia consciente a la eficiencia

El CHIPS Act fue una política de contención estratégica con instrumentos industriales. Con más de 52.000 millones de dólares en incentivos directos, Washington asumió un hecho incómodo. Fabricar chips avanzados en territorio estadounidense es estructuralmente más caro, entre 30% y 50% según estimaciones del Congressional Budget Office.

La decisión fue deliberada. Menor eficiencia a cambio de mayor control. Menor rentabilidad marginal a cambio de reducción de vulnerabilidades críticas. Desde una perspectiva sistémica, la lógica es coherente con un escenario de competencia prolongada donde el shock es la norma, no la excepción.

Intel entendió antes que otros que competir frontalmente con TSMC en miniaturización pura era una apuesta incierta. Su foco en empaquetado avanzado y sustratos de vidrio apunta a desplazar la competencia del nodo al sistema, integrando más funciones por paquete y reduciendo cuellos térmicos e interconexiones. Si esa estrategia madura entre 2026 y 2030, el equilibrio competitivo puede alterarse sin necesidad de liderar en nanómetros.

Laboratorios de ASML, en los Países Bajos

Europa optó por una estrategia más silenciosa y, por eso mismo, más efectiva. ASML controla el 100% del mercado de máquinas EUV, con equipos que superan los 300 millones de dólares por unidad. Ese monopolio técnico otorga a la Unión Europea una influencia estructural desproporcionada respecto a su volumen de fabricación.

El equilibrio que emergió

La carrera nanométrica produjo un sistema global menos eficiente, más fragmentado y deliberadamente redundante. Los costos aumentaron, las cadenas se duplicaron y la lógica del just-in-time fue reemplazada por inventarios estratégicos y sobrecapacidad planificada.

Desde una perspectiva de largo plazo, el patrón es consistente con lo que la OCDE y el FMI ya identifican como una transición hacia un orden económico menos optimizado y más politizado. La miniaturización fue el lenguaje técnico. La disputa real siempre fue política. Control del ritmo tecnológico, autonomía decisional y capacidad de sostener poder en un entorno donde la interdependencia dejó de ser garantía de estabilidad.

Leído con atención, el movimiento no sorprende. Los sistemas complejos no colapsan de golpe. Se reconfiguran lentamente, y casi siempre alrededor de los puntos que parecían puramente técnicos. Aquí, esos puntos medían nanómetros.


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