El mapa ya no es eurocéntrico
Occidente está en declive y una de las interrogantes es saber a qué velocidad se redistribuirá el poder y qué instituciones sobrevivirán al proceso. Peter Frankopan documentó el precedente histórico en su magnífico Las rutas de la seda. En el año 1000, China e India acumulaban el 50% del PIB mundial, sin embargo para 1970, tras dos siglos de revolución industrial y expansión colonial, ese porcentaje había caído al 5%. La corrección lleva cinco décadas en marcha y los datos ya no admiten lectura alternativa.
Los historiadores económicos han trazado la curva con precisión suficiente para que las probabilidades importen. Entre 1820 y 1950, Europa y Estados Unidos acapararon el crecimiento global mediante una combinación de innovación tecnológica, organización estatal y control de rutas marítimas. Esa ventaja se erosionó cuando el resto del mundo comprobó que adoptar tecnologías ya probadas cuesta menos que financiar I+D original. La productividad por hora trabajada en el Sudeste Asiático crece al 4,7% anual según la OCDE 2024, más del doble que en la zona euro. China pasó del 5% al 18% del PIB global nominal en cuatro décadas. India va por el mismo camino. Indonesia, Vietnam y Turquía siguen la estela con variantes propias.
Devotos hindúes cerca del templo Kashi Vishwanath en Varanasi, India © GETTY Images
Las dos variables
La demografía es la primera. Europa representaba el 25% de la población mundial en 1950. Hoy es el 7% y la tendencia no se revierte. África superará los 2500 millones de habitantes en 2050 con una edad media de 19 años, lo que implica una fuerza laboral sin precedentes. India ya superó a China como país más poblado y mantendrá su ventana demográfica abierta hasta 2060. El peso económico sigue al demográfico con un desfase de una o dos décadas, mecanismo documentado desde Angus Maddison hasta los modelos de convergencia del Banco Mundial. Un país de 300 millones de habitantes no mantiene hegemonía permanente sobre otro de 1400 millones salvo que la brecha tecnológica sea suficientemente amplia para compensarlo, y esa brecha se estrecha.
La segunda variable es institucional. Las organizaciones multilaterales, Bretton Woods incluido, fueron diseñadas en 1944 para un mundo donde el PIB combinado de Europa occidental y Estados Unidos superaba el 60% del total global. El FMI proyecta que para 2030 el bloque BRICS superará al G7 en peso económico nominal, pero los derechos de voto en el FMI y el Banco Mundial apenas han variado desde su creación. Esa asimetría entre poder económico real y representación institucional es la fuente de fricción estructural que determinará la forma del orden post-2030, no los discursos en Davos.
China es el mayor contribuidor de patentes en el mundo. India no se queda atrás y está impulsando la investigación.
Métricas que decidirán el siglo XXI
China superó a Estados Unidos en solicitudes de patentes PCT ante la OMPI en 2019 y mantiene la ventaja. Cuando esa capacidad de innovación se combine con proyección financiera autónoma, el desacouple dejará de ser un escenario y se convertirá en la línea base. El indicador que hay que monitorear no es el PIB nominal sino la cuota de patentes tecnológicas registradas fuera del sistema occidental. Esa variable decide en cuál de los dos escenarios siguientes termina la década.
Escenario 1: fragmentación administrada (60% de probabilidad)
Estados Unidos y China delimitan áreas de influencia sin conflicto abierto pero sin integración real. La condición de activación es que ninguna de las dos potencias sufra una crisis de legitimidad interna grave antes de 2028. En el caso estadounidense, el umbral pasa por la estabilidad institucional post-electoral. En el chino, por mantener el crecimiento por encima del 4% anual para sostener el contrato social implícito del Partido. Los perdedores netos son Europa, que carece de autonomía estratégica para operar como tercer polo, y las economías medianas atrapadas entre dos cadenas de suministro incompatibles.
Escenario 2: desacople competitivo (25% de probabilidad)
La rivalidad tecnológica y militar rompe las cadenas de valor globales de forma irreversible. La condición de activación específica es una crisis en el estrecho de Taiwán que supere el umbral de respuesta militar formal, o una fragmentación del sistema de pagos internacional acelerada por sanciones secundarias al petrodólar. Los perdedores directos serían los sectores de semiconductores y automoción, cuyas cadenas de suministro son actualmente imposibles de duplicar en menos de ocho a diez años según estimaciones de la Semiconductor Industry Association. El 15% restante de probabilidad corresponde a un escenario de reforma pactada de Bretton Woods, cuya condición de activación sería una crisis sistémica que haga inviable la gobernanza actual sin un reemplazo inmediato.
Estación de metro en la ciudad cyberpunk de Chongqing, China
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