El Gran Israel: el plan maestro

2 de abril de 2026

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El Council on Foreign Relations documentó que Estados Unidos aprobó al menos $16.300 millones en ayuda militar directa a Israel desde octubre de 2023, sobre una base ya fijada en $3.800 millones anuales por el memorando de entendimiento vigente. Esa cifra no describe una alianza contingente sino un compromiso estructural que sobrevive a los cambios de administración. Cuando Mike Huckabee llegó a la embajada en Tel Aviv en enero de 2025 con un historial público de declaraciones sobre la pertenencia bíblica de Cisjordania a Israel, ningún senador lo usó como argumento de peso en su contra. El sistema que lo confirmó con 53 votos ya sabía exactamente lo que estaba colocando.

El periodista Tucker Carlson (izq) y el embajador Mike Huckabee (der). El periodista Tucker Carlson (izq) y el embajador Mike Huckabee (der).

Esa lectura exige separar lo que el análisis convencional trata como bloque único. El sionismo judío nació como nacionalismo secular del siglo XIX, respuesta laica al antisemitismo europeo. El sionismo cristiano lo precede y opera desde una lógica distinta. La Religion Media Centre estima que existen más de 30 millones de sionistas cristianos en Estados Unidos, cifra que duplica la población judía mundial calculada en 15 millones. El Arab Center de Washington precisa que el 80% de los evangélicos estadounidenses, cerca de un cuarto de la población del país, sostiene que la creación de Israel en 1948 cumple una profecía bíblica. Esa base convierte el apoyo incondicional a Israel en requisito de primarias republicanas, no en política exterior negociable.

La aritmética electoral hace el resto pero no explica la doctrina. Netanyahu opera desde 1996 con un marco documentado en A Clean Break: A New Strategy for Securing the Realm, escrito por un grupo liderado por Richard Perle para su primer gobierno. El documento, según registra el propio archivo público del texto, proponía abandonar la negociación territorial por una estrategia de derrocamiento de gobiernos regionales hostiles, empezando por Iraq y siguiendo con Siria y Líbano. La doctrina exigía un socio dispuesto a absorber los costos políticos, y ese socio fue históricamente difícil de sostener más de un ciclo electoral porque cada administración estadounidense pagaba el desgaste diplomático mientras Israel capitalizaba el resultado territorial.

Mapa propuesto del Gran Israel. Mapa propuesto del Gran Israel.

La objeción más razonable es geográfica. Incorporar territorios desde Siria hasta Sudán exigiría controlar poblaciones que ninguna potencia contemporánea logró sostener mediante anexión formal. Pero el proyecto no opera así. Lo que ocurrió en Siria y avanza en Gaza y el sur del Líbano es fragmentación funcional, control efectivo sin declaración de fronteras. Ese mecanismo evita las obligaciones del derecho internacional sin renunciar a sus beneficios estratégicos, y por eso un mapa que anuncia el Nilo y el Éufrates no necesita anexar territorio para cumplir su función política.

Netanyahu interviene en la Asamblea General de la ONU (2024) Netanyahu interviene en la Asamblea General de la ONU (2024)

El contraargumento más fuerte contra la coalición no viene del mundo árabe. La Jewish Telegraphic Agency registró que el 33% de los votantes judíos de Nueva York respaldó a Zohran Mamdani en la elección de 2025, crítico declarado de la política israelí, mientras el 63% fue para Andrew Cuomo. Ese dato fractura la premisa de representación unificada sobre la que Israel construye su legitimidad ante la diáspora, porque una porción creciente de comunidades judías sin acceso al bloque de grandes donantes percibe la asociación con el proyecto territorial como fuente de inseguridad, no de protección.

Desde fuera del eje occidental, el diagnóstico converge en un punto distinto. RIAC y la Academia China de Ciencias Sociales evaluaron en abril de 2026 que las acciones militares de Estados Unidos e Israel contra Irán alteran el orden internacional en curso, no solo el balance regional. La lectura eurasiática trata el proyecto como síntoma de reordenamiento multipolar, no como anomalía religiosa de una administración. Esa distancia interpretativa importa porque el precio del petróleo, la posición india y la cohesión de la OTAN son las variables que determinan cuánto tiempo Washington sigue absorbiendo el costo que Netanyahu diseñó para que pagara otro.

Que Huckabee llegara sin escándalo fue la señal de que la convergencia entre sionismo judío y cristiano ya estaba institucionalizada. ¿Qué umbral de costo geopolítico, medido en precio del petróleo o en cohesión de alianzas, hace que sostener ese compromiso deje de ser rentable para el sistema que lo financia?

Referencias

  • Arab Center Washington DC. (2023). Evangelical diversity and support for Israel. https://arabcenterdc.org/resource/evangelical-diversity-and-support-for-israel/
  • Council on Foreign Relations. (2025, octubre 7). U.S. aid to Israel in four charts. https://www.cfr.org/articles/us-aid-israel-four-charts
  • Jewish Telegraphic Agency. (2025, noviembre 5). Mamdani wins 33% of the Jewish vote in NYC, compared to 63% for Cuomo, exit poll shows. https://www.jta.org/2025/11/05/politics/mamdani-wins-33-of-the-jewish-vote-in-nyc-compared-to-63-for-cuomo-exit-poll-shows
  • Perle, R., et al. (1996). A Clean Break: A New Strategy for Securing the Realm. Institute for Advanced Strategic and Political Studies. https://en.wikipedia.org/wiki/A_Clean_Break:_A_New_Strategy_for_Securing_the_Realm
  • Religion Media Centre. (2022). Factsheet: Christian Zionism. https://religionmediacentre.org.uk/factsheets/factsheet-christian-zionism/
  • Russian International Affairs Council. (2026, abril 18). RIAC and CASS experts discuss the Middle East crisis. https://russiancouncil.ru/en/news/riac-and-cass-experts-discuss-the-middle-east-crisis/