El Gran Israel, el plan maestro.
"Ese día hice un pacto con Abram: A tu descendencia daré esta tierra, desde el río de Egipto hasta el gran río Éufrates." — Génesis 15:18
La confirmación de Mike Huckabee como embajador en Israel en enero de 2025 pasó por el Senado con 53 votos y un tratamiento mediático que interpretó su historial de declaraciones sobre la Gran Israel como una excentricidad personal. Un pastor bautista que sostenía en campaña que Cisjordania pertenece bíblicamente a Israel y que los palestinos debían reubicarse en otros países árabes no generó escándalo porque el sistema político estadounidense ya había dejado de leer esas posiciones como descalificatorias. Entonces, lo llamativo no fue lo que confesó Huckabee, sino el silencio mediático a su alrededor.
El análisis convencional trata el apoyo de Estados Unidos a Israel como un bloque homogéneo. Según el experto, Yakov Rabkin, mientra el sionismo judío nació en el siglo XIX como nacionalismo secular entre intelectuales laicos, el sionismo cristiano dispensacionalista lo precede históricamente y opera con una lógica distinta. Para esa tradición, la expansión territorial israelí es un requisito profético, no un asunto de seguridad. Huckabee representa la penetración de esa segunda tradición en el vértice de la diplomacia estadounidense a la vez que Pete Hegseth, secretario de Guerra, representa su extensión en la cadena de mando militar.
El periodista Tucker Carlson (izq) y el embajador Mike Huckabee (der).
La convergencia de ambas líneas interpretativas en una misma administración es la novedad estratégica. No se trata de una alianza de conveniencia, sino del punto de contacto que los proyectos de Netanyahu y del ala dura evangélica llevaban treinta años buscando. La doctrina israelí llamada "Clean Break" de 1996, ya planteaba dejar de negociar con movimientos de resistencia para derrocar gobiernos regionales. El eslabón perdido era absorber los costos sin filtro electoral y la segunda administración Trump lo eliminó.
El mapa político explica lo que el análisis de política exterior suele omitir. En Estados Unidos hay unos 7.5 millones de judíos adultos, según el Pew Research Center de 2024, mientras el mismo estudio sitúa en 50 millones los cristianos evangélicos que sostienen que la creación de Israel fue una profecía cumplida. Entre el 30% y el 40% de la base electoral republicana, de acuerdo con datos del American Enterprise Institute, considera el apoyo incondicional a Israel como un requisito no negociable para cualquier candidato. Ningún senador que aspire a ganar unas primarias en ese partido puede permitirse un voto en contra del perfil que Huckabee representa. Miriam Adelson, heredera del mayor donante republicano de la última década, aporta cientos de millones de dólares en financiamiento, pero el financiamiento compra lealtad negociable. El voto evangélico entrega algo más resistente, una base que percibe la condena internacional como confirmación de que el proyecto avanza según lo previsto.
Mapa del Gran Israel.
La captura del establishment
El argumento más recurrente contra la viabilidad del Gran Israel desde el Nilo hasta el Éufrates es geográfico. Ninguna potencia moderna puede controlar poblaciones tan extensas con fronteras formales, pero el proyecto no opera mediante anexión declarada, sino mediante fragmentación funcional. Lo ocurrido en Siria, en Gaza y en el sur del Líbano responde a un mismo patrón, control efectivo sin soberanía nominal. Eso esquiva las obligaciones del derecho internacional sin renunciar a los beneficios estratégicos. Quien en 2003 hubiera anticipado que Irak dejaría de funcionar como Estado sin que nadie lo declarara formalmente habría parecido extravagante. Se corren las fronteras, pero no se anuncia.
Cabe preguntarse si el análisis anterior sobreestima la capacidad de cálculo racional del establishment estadounidense. La objeción sólida es que el propio aparato de seguridad nacional ha sido permeado por las mismas redes evangélicas y neoconservadoras que promueven el proyecto territorial, lo que retrasaría o incluso neutralizaría el momento en que los costos objetivos se traduzcan en ajustes de política. Sin embargo, la retirada de Vietnam, el giro de Nixon hacia China o la salida de Afganistán ocurrieron en administraciones cuyas bases ideológicas iniciales eran contrarias a esos movimientos. El factor decisivo es cuando el costo recae sobre sectores con capacidad de veto interno, el Pentágono, la comunidad de inteligencia y el Congreso, cuando los votos empiezan a peligrar.
Netanyahu interviene en la Asamblea General de la ONU (2024)
Fracturas en la diáspora
Los datos de voto en la elección de alcalde de Nueva York de 2025 mostraron que un candidato abiertamente antisionista captó cerca del 30% del voto judío, según encuestas a boca de urna publicadas por Jewish Currents y verificadas por análisis de Data for Progress. Las comunidades que no forman parte del bloque de grandes donantes perciben la asociación con Israel como fuente de inseguridad, no de protección. Del otro lado, el sionismo israelí intenta resolver este déficit afirmando que el Estado de Israel representa al conjunto del pueblo judío independientemente de lo que ese pueblo opine, no obstante esa presunción produce el efecto contrario al declarado.
El punto de ruptura de la coalición llegará cuando el establishment estadounidense descubra que los costos de la asociación superan los beneficios electorales de sostenerla. Esos costos tienen indicadores cuantificables, el precio del petróleo Brent sostenido por encima de los 100 dólares durante tres trimestres consecutivos (fuente: Energy Information Administration, informe semanal), la participación del dólar en las reservas globales medida por el FMI en su informe COFER con caída por debajo del 55% durante dos publicaciones trimestrales consecutivas, y la pérdida de cohesión en la OTAN ante un escenario multipolar, observable en el porcentaje de gasto de defensa de los países europeos destinado a capacidades no vinculadas al comando estadounidense. Cuando esos indicadores se deterioren en simultáneo, la coalición que hoy parece monolítica revelará que nunca lo fue. Era la suma de cálculos individuales que funcionaba mientras los costos los pagaban otros.
La novedad con Huckabee es la normalización de la premisa teológica que entra abiertamente en la narrativa de poder y estratégica. Hace dos años habría sido una fake news. Hoy ya no lo es. Eso sí, tendrá sus costos geopolíticos.
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⚡️Basado en el texto escrito por el autor, https://shorturl.at/nyqrG