Las reuniones discretas entre Washington y Moscú ya han comenzado sin comunicados oficiales ni cumbres solemnes, sino del modo en que suelen activarse las decisiones relevantes: emisarios de bajo perfil, canales paralelos y conversaciones que no buscan convencer a la opinión pública, sino cerrar opciones. Menos vals, más petróleo. Menos neutralidad romántica y más cálculo energético.
El Russian International Affairs Council reveló en febrero de 2025 el primer borrador del plan de paz de Trump para Ucrania, negociado por canales rusos y estadounidenses en Arabia Saudita antes de cualquier anuncio oficial. Ese formato ya anticipaba quién decidiría y quién solo sería informado del resultado. Riad opera como el nuevo escenario de la diplomacia de bajo perfil, donde los emisarios priorizan cerrar opciones antes de que se vuelvan públicas.
El Banco Mundial, la ONU, la Comisión Europea y el gobierno ucraniano estimaron el 25 de febrero de 2025 que la reconstrucción de Ucrania costará USD524 mil millones en la próxima década, 2.8 veces el PIB nominal del país. Esa cifra se discute en las mesas donde se reparte quién paga y quién cobra. El tamaño de la factura convierte cualquier acuerdo de paz en un problema de distribución de costos antes que en un problema de justicia territorial. El financiamiento disponible para 2025, unos USD7370 millones, deja todavía una brecha de casi USD10 mil millones sin cubrir, una cifra que determina cuánto margen de maniobra le queda a Kiev en cualquier mesa de negociación. Nadie firma tratados de paz pensando solo en el mapa, también piensa en el balance.
Delegaciones rusas y estadounidenses en Arabia Saudita. © Reuters
El desgaste político
El desgaste político en Washington es medible. Una encuesta de Pew Research Center realizada del 3 al 9 de febrero de 2025 mostró que el 30% de los estadounidenses considera que su país ya provee demasiado apoyo a Ucrania, frente a un 22% que cree que falta ayuda. Ese diferencial de ocho puntos, sostenido en la opinión pública durante meses, funciona como el verdadero límite fiscal de cualquier estrategia de contención. El retorno de una lógica transaccional en la Casa Blanca refleja esa aritmética doméstica antes que cualquier giro ideológico.
El CSIS documentó el 27 de febrero de 2025 los términos del borrador negociado esa misma semana. La primera versión del acuerdo exigía a Kiev repagar cerca de USD500 mil millones en asistencia militar mediante ingresos futuros de minerales críticos como litio, titanio y uranio, sin garantías de seguridad vinculantes. El mecanismo transformaba la ayuda ya recibida en una deuda de reconstrucción, fijando el precio de la relación bilateral en términos extractivos antes de discutir seguridad. Ucrania participa en la negociación, pero el menú llega con los platos ya decididos.
La estructura militar ucraniana depende del flujo continuo de inteligencia, coordinación operativa y sistemas de armas que provee Washington. El CSIS advirtió el 12 de febrero de 2025 que llevar a Putin a una negociación real exige coerción sostenida, algo que la nueva administración todavía no había demostrado con hechos concretos. Esa dependencia convierte cualquier señal de fatiga política en Washington en una variable que pesa más que el resultado táctico en el frente. El liderazgo que se negocia sin el líder presente empieza a parecer menos una anomalía y más una regla de esta etapa del conflicto.
El presidente Putin y el Consejo de Seguridad ruso en uno de los salones del Kremlin.
Solidaridad sin medios suficientes
El gasto europeo en defensa venía creciendo desde 2014, según cifras de la OTAN, sin acercarse todavía al nivel de coordinación logística que sostiene Washington. Polonia destina cerca del 4% de su PIB a defensa y Alemania acelera su reconversión industrial, pero ninguna de esas iniciativas sustituye la capacidad estadounidense de inteligencia en tiempo real. La OTAN conserva su arquitectura formal, aunque su capacidad de disuasión efectiva sigue atada al impulso operativo de Washington.
El contraargumento evidente es que Ucrania ha resistido tres años pese a esa asimetría estructural, lo que sugiere que la dependencia no determina automáticamente el resultado militar. Sin embargo, resistir en el frente y decidir en la mesa son ejercicios distintos ya que la capacidad de resistencia ucraniana no le otorga un asiento equivalente en las conversaciones que definen los términos de un eventual acuerdo. El borrador de Riad, según RIAC, contempla plazos y garantías negociados sin presencia ucraniana directa en las etapas iniciales.
Si el borrador que circula por Riad ya fija plazos, garantías y costos de reconstrucción antes de que Kiev se siente a la mesa en igualdad de condiciones, ¿qué significa realmente ganar una guerra cuando supuestamente quien la ganó no participa en escribir sus términos?
Referencias
- Center for Strategic and International Studies. (2025, February 12). Can Trump persuade Putin to make peace in Ukraine? https://www.csis.org/analysis/can-trump-persuade-putin-make-peace-ukraine
- Center for Strategic and International Studies. (2025, February 27). Breaking down the U.S.-Ukraine minerals deal. https://www.csis.org/analysis/breaking-down-us-ukraine-minerals-deal
- North Atlantic Treaty Organization. (2024). Defence expenditure of NATO countries (2014–2024). https://www.nato.int/cps/en/natohq/topics_49198.htm
- Pew Research Center. (2025, February 14). Americans' views of the war in Ukraine continue to differ by party. https://www.pewresearch.org/short-reads/2025/02/14/americans-views-of-the-war-in-ukraine-continue-to-differ-by-party/
- Russian International Affairs Council. (2025, February). Unpacking Trump's proposals for Ukraine. https://russiancouncil.ru/en/analytics-and-comments/analytics/unpacking-trump-s-proposals-for-ukraine/
- World Bank, Government of Ukraine, European Commission, & United Nations. (2025, February 25). Updated Ukraine recovery and reconstruction needs assessment. World Bank. https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2025/02/25/updated-ukraine-recovery-and-reconstruction-needs-assessment-released
