El dilema multipolar de América Latina

4 de marzo de 2026

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El dilema multipolar de América Latina

El reordenamiento productivo global no avanza por multilateralismo sino por alianzas bilaterales donde países sin control de tecnología crítica aceptan cesiones iniciales a cambio de acceso a capacidades que, de otro modo, tardarían décadas en construir.

Un ejemplo es la India cuando firmó en julio de 2023 un acuerdo con Japón en semiconductores que cubre diseño, manufactura, equipamiento, resiliencia de cadena de suministro y desarrollo de talento, sin esperar consensos regionales. La cesión fue explícita: Japón no compartiría propiedad intelectual sin acceso preferencial al mercado indio y alineamiento regulatorio.

Samsung opera en Vietnam con 140.000 empleados directos. Entre 2014 y 2022, su red de proveedores locales creció de 25 a 257, pero hay una advertencia que el análisis complaciente omite. En 2017, los únicos cinco proveedores tier-1 vietnamitas producían materiales de embalaje, y el valor añadido extranjero representaba el 70% del valor exportado en electrónica. Ni el aprendizaje estructural es instantáneo ni ocurre sin el contrato asimétrico que lo hace posible.

Puerto de Chancay en Perú, inaugurado en 2024 © Athena Lab

Entonces, el problema latinoamericano no es solo llegar tarde sino llegar con un costo de capital que hace inviable cualquier proyecto industrial de largo plazo sin socio externo.

Datos de Aswath Damodaran, profesor de finanzas de NYU, a enero de 2026 muestran que América Latina carga una prima de riesgo país promedio de 3,5 puntos porcentuales, que eleva el costo de equity al rango de 10% a 15%, frente al 6% al 8% en economías desarrolladas. Con ese diferencial, la autonomía no es una posición estratégica sino que es una ecuación financiera que no cierra. Apenas el 0,1% de los proyectos de hidrógeno anunciados en la región ha tomado decisión final de inversión. La brecha entre intención y compromiso es la variable crítica, y tiene un nombre. Ese nombre es costo de capital.

Alianzas asimétricas y presión cruzada

La única ventana viable pasa por alianzas asimétricas externas con una variable que el análisis previo ignoraba. Esa variable es gestionar activamente la presión de ambas potencias que compiten en el mismo espacio.

Esto implica usar la competencia entre China y Estados Unidos como palanca, no como amenaza, pero requiere un marco que hoy no existe.

Brasil puede ofrecer acceso preferencial a litio procesado a cambio de joint ventures en baterías con transferencia tecnológica contractual, usando la lógica del acuerdo India-Japón aplicada a la cadena del litio. China necesita el recurso. Estados Unidos necesita un socio no chino. Esa tensión es negociable.

Mapa de los cables submarinos para el 2022 © Fundación Telefónica

Chile, identificado por la Agencia Internacional de Energía como el mayor exportador potencial de hidrógeno verde de la región hacia 2030, con costos de producción proyectados por debajo de 1,5 dólares por kilo y más de 1.800 gigavatios de potencial renovable, tiene condiciones objetivas para replicar la Morocco Offer. Puede comprometer suelo y recursos renovables a cambio de joint ventures con transferencia de electrolizadores e I+D.

Japón lidera el desarrollo de baterías de estado sólido con subsidios superiores a 660 millones de dólares en 2024 y una ventana de comercialización hacia 2030. Esto abre una negociación específica que ningún actor latinoamericano está usando. Un acuerdo con Japón en baterías de estado sólido tendría la ventaja adicional de operar en un carril tecnológico distinto al que dominan China y Corea, reduciendo la presión inmediata de Washington.

En todos los casos, el Estado actúa como garante, no como operador, con costos explícitos. Esos costos son cesión regulatoria, dependencia inicial, adopción de protocolos externos. Entonces la pregunta además de si aceptar esos costos, es qué retorno se obtiene a cambio.

La presencia de China en LatAm © TN

Lo que Washington no está viendo

Estados Unidos reacciona como si la influencia china en la región se combatiera con vetos y advertencias y sin embargo gasta su capital político sin ofrecer financiamiento alternativo competitivo. Mientras China ofrece crédito de desarrollo y compra de recursos a largo plazo, la respuesta estadounidense sigue anclada en instrumentos del siglo XX: sanciones, aranceles, comunicados del Departamento de Estado.

La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de Estados Unidos tiene capacidad para ofrecer garantías y financiamiento, pero su escala es marginal frente a lo que China moviliza. El sector privado estadounidense, sin garantías soberanas, no puede competir con el costo de capital de sus contrapartes asiáticas respaldadas por el Estado.

El resultado es predecible es que China gana por inercia, y Estados Unidos se consuela con vetos que no construyen capacidad regional.

Dos escenarios bajo observación

El escenario más probable, con un 65 por ciento de probabilidad, es la continuación del patrón de reacción sin doctrina, esto es, presión externa como veto no formalizado. Ningún país con marco de respuesta. China como ganador por defecto y Washington gastando capital político sin ofrecer alternativas financieras competitivas.

La variable de monitoreo es concreta. Si en 18 meses ninguno de los tres países grandes lanza una negociación formal de joint venture tecnológico con un actor asiático o europeo de primer nivel, usando explícitamente la presión cruzada como argumento de urgencia, el escenario se consolida por inercia.

El escenario alternativo, con un 35 por ciento de probabilidad, es la articulación bilateral selectiva. Al menos un país grande cierra un acuerdo antes de 2028 usando el patrón de presión cruzada como palanca para obtener mejores condiciones. Su condición de activación requiere financiamiento externo a tasa inferior al 8 por ciento o un cambio de administración con mandato explícito de posicionamiento tecnológico.

El presidente Trump reunido con los ejecutivos del sector petrolero en Washington © Tierney L. Cross

El costo de la inercia

Mantener proyectos estratégicos financiados localmente al 10 o 15 por ciento frente a contrapartes que acceden a capital al 6 u 8 por ciento implica un diferencial de retorno que hace inviables exactamente los proyectos que determinarán el posicionamiento de la próxima década ya sea baterías, electrolizadores o semiconductores.

Una estimación conservadora sugiere que si la región mantiene la inercia actual, el PIB potencial perdido por no participar en las cadenas de valor de la inteligencia artificial y la transición energética podría oscilar entre 0,5 y 1,2 puntos porcentuales anuales hacia 2035. En términos de inversión extranjera directa, equivale a dejar sobre la mesa entre 8.000 y 15.000 millones de dólares anuales que hoy fluyen hacia el Sudeste Asiático o el norte de África.

Las arquitecturas productivas en la era de la inteligencia artificial se estabilizarán en la primera mitad de los años 2030. Después, las posiciones se fijan por inercia acumulada o, esperar la cosecha tras la siembra.

El dilema multipolar tiene un precio e importa saber quién terminará pagándolo.


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