El dilema multipolar de América Latina

5 de marzo de 2026

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El reordenamiento productivo global avanza por alianzas bilaterales donde países sin control de tecnología crítica aceptan cesiones iniciales a cambio de acceso a capacidades que, de otro modo, tardarían décadas en construir. América Latina carga una prima de riesgo país promedio de 3,5 puntos porcentuales, según datos de Aswath Damodaran (NYU Stern) a enero de 2026, lo que eleva el costo de equity al rango de 10% a 15% frente al 6% al 8% de las economías desarrolladas. Con ese diferencial, la autonomía estratégica deja de ser una posición de política exterior y se convierte en una ecuación financiera que no cierra: apenas el 0,1% de los proyectos de hidrógeno anunciados en la región tomó decisión final de inversión. El reordenamiento productivo global avanza hoy por alianzas bilaterales, donde países sin control de tecnología crítica aceptan cesiones iniciales a cambio de acceso a capacidades que de otro modo tardarían décadas en construir, más que por consensos multilaterales.

India firmó en julio de 2023 un acuerdo con Japón en semiconductores que cubre diseño, manufactura, equipamiento y desarrollo de talento, sin esperar consensos regionales. La cesión fue explícita: Japón no compartiría propiedad intelectual sin acceso preferencial al mercado indio y alineamiento regulatorio. Samsung en Vietnam ofrece la advertencia que el análisis complaciente suele omitir: entre 2014 y 2022 su red de proveedores locales creció de 25 a 257, pero en 2017 los únicos cinco proveedores tier-1 vietnamitas producían materiales de embalaje, y el valor añadido extranjero representaba el 70% del valor exportado en electrónica. El aprendizaje estructural no es instantáneo, y ocurre solo cuando el contrato asimétrico que lo habilita está bien diseñado, no como efecto automático de la inversión extranjera.

Puerto de Chancay en Perú, inaugurado en 2024 © Athena Lab Puerto de Chancay en Perú, inaugurado en 2024 © Athena Lab

Alianzas asimétricas y presión cruzada

El problema latinoamericano no es solo llegar tarde a este reordenamiento, sino llegar con un costo de capital que hace inviable cualquier proyecto industrial de largo plazo sin socio externo. La única ventana viable pasa por alianzas asimétricas que gestionen activamente la presión cruzada entre China y Estados Unidos como palanca de negociación. Brasil puede ofrecer acceso preferencial a litio procesado a cambio de joint ventures en baterías con transferencia tecnológica contractual, replicando la lógica del acuerdo India-Japón sobre la cadena del litio: China necesita el recurso y Estados Unidos necesita un socio no chino, una tensión genuinamente negociable si existiera doctrina para explotarla.

Mapa de los cables submarinos para el 2022 © Fundación Telefónica Mapa de los cables submarinos para el 2022 © Fundación Telefónica

Chile, identificado por la Agencia Internacional de Energía como el mayor exportador potencial de hidrógeno verde de la región hacia 2030, con costos proyectados bajo $1,5 por kilo y más de 1.800 gigavatios de potencial renovable, tiene condiciones objetivas para comprometer suelo y recursos renovables a cambio de joint ventures con transferencia de electrolizadores. Japón lidera además el desarrollo de baterías de estado sólido con subsidios superiores a $660 millones en 2024, un carril tecnológico distinto al que dominan China y Corea, lo cual reduciría la presión inmediata de Washington sobre cualquier socio latinoamericano que lo persiga.

El contraargumento más serio contra este modelo es el propio caso Vietnam que el artículo cita como ejemplo: ceder propiedad intelectual y marco regulatorio a cambio de capital es exactamente el mecanismo que después de una década sigue produciendo un país exportador con 70% de valor añadido extranjero, no soberanía tecnológica. Es una objeción válida. Pero la alternativa no es la ausencia de cesión, es la ausencia de negociación, y hoy América Latina paga los costos de dependencia sin siquiera recibir la transferencia tecnológica que Vietnam logró extraer a cambio. El Plan de Acción China-CELAC 2025-2027, anunciado por Xi Jinping en el foro de Beijing de mayo de 2025, institucionaliza precisamente esa asimetría en sentido inverso: cinco pilares de cooperación que privilegian el acceso chino a recursos e infraestructura crítica de la región sin ofrecer, hasta ahora, un mecanismo comparable de transferencia tecnológica contractual.

La presencia de China en LatAm © TN La presencia de China en LatAm © TN

Estados Unidos reacciona como si la influencia china se combatiera con vetos y comunicados del Departamento de Estado, gastando capital político sin ofrecer financiamiento alternativo competitivo. La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional tiene capacidad para ofrecer garantías, pero su escala es marginal frente a lo que Beijing moviliza, y el sector privado estadounidense sin garantía soberana no puede competir con el costo de capital de sus contrapartes asiáticas respaldadas por el Estado.

El escenario más probable, con 65% de probabilidad, es la continuación del patrón de reacción sin doctrina: presión externa como veto no formalizado, sin que ningún país grande cierre una negociación formal de joint venture tecnológico antes de 18 meses. El escenario alternativo, con 35% de probabilidad, es la articulación bilateral selectiva, activada si al menos un país logra financiamiento externo bajo el 8% o si un cambio de administración trae mandato explícito de posicionamiento tecnológico. Mantener proyectos financiados localmente al 10-15% frente a contrapartes que acceden a capital al 6-8% implica un diferencial que, sostenido, podría costarle a la región entre 0,5 y 1,2 puntos porcentuales de PIB potencial anual hacia 2035. ¿Qué país de la región estará dispuesto a pagar el costo político de una cesión regulatoria explícita antes de que esa ventana de negociación con Tokio, Seúl o Beijing se cierre por default?

El dilema multipolar tiene un precio e importa saber quién terminará pagándolo.