De la Doctrina Monroe a la Soberanía Multidimensional
La proyección de poder de Estados Unidos sobre América Latina sigue presente, pero opera con menor capacidad de ordenamiento efectivo. Entre 2000 y 2023, la participación de EEUU como principal socio comercial de la región cayó de alrededor del 54% a menos del 40% según datos de la CEPAL y la OCDE. En el mismo período, China pasó de representar menos del 2% del comercio regional a superar el 18%, con picos cercanos al 30% en economías clave. El resultado no es retirada estadounidense, es pérdida de centralidad estructural.
Ese desplazamiento también se observa en el plano político. Pew Research Center muestra una caída sostenida de la confianza regional en el liderazgo estadounidense durante la última década, incluso en países históricamente alineados. Washington sigue presionando, pero los resultados son cada vez más desiguales. El sistema dejó de responder por reflejo, y ese cambio es funcional y medible.
La soberanía ya no se juega únicamente en el plano formal de la no intervención. Se construye en una combinación más concreta de respaldo político interno, margen externo y capacidad de encuadrar el conflicto en términos domésticos. Cuando uno de esos componentes se debilita, los otros comienzan a tensionarse. El deterioro no es caótico, es secuencial, y el patrón se repite con notable regularidad.
La senadora Téllez (izq.) en Fox News y la presenta Sheinbaum (der.)
México y Brasil, los líderes.
México lo mostró con claridad. La solicitud pública de intervención estadounidense realizada por la senadora opositora Lilly Téllez no generó tracción internacional, pero sí costos políticos internos inmediatos. Claudia Sheinbaum gobierna con niveles de aprobación cercanos al 70% según El Financiero, mientras el 69% de la población mantiene una opinión desfavorable de Estados Unidos de acuerdo con Pew Research Center. En ese contexto, la presión externa no solo es ineficaz, es contraproducente.
La narrativa del “narcoestado” refuerza esa paradoja. Más del 85% de las armas incautadas en México provienen de Estados Unidos según la ATF, y el país registró más de 30.000 homicidios en 2023. El flujo de armas es exógeno, la violencia es endógena, pero la carga política se asigna de forma asimétrica. La acusación no corrige el problema que pretende señalar, y pierde capacidad disciplinadora.
Brasil cumple un rol distinto y por eso resulta analíticamente central. Su legitimidad política es más volátil y el respaldo interno fluctúa, pero la diversificación externa es profunda. China absorbe cerca del 30% de sus exportaciones, sin monopolizar su inserción internacional. La Unión Europea, Estados Unidos y polos asiáticos alternativos a China operan como amortiguadores sistémicos. Cuando el respaldo interno se debilita, el margen externo sostiene la autonomía.
Colombia, el portaviones en la región.
En el plano regional, la diversificación dejó de ser un gesto ideológico y pasó a ser un mecanismo defensivo racional. El bloque BRICS concentra alrededor del 42% de la población mundial y cerca del 30% del PIB global, ampliando opciones sin exigir alineamientos cerrados. China es hoy el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú, con intercambios regionales por unos USD450.000 millones anuales y proyecciones que superan los USD700.000 millones hacia 2035.
La diversificación, sin embargo, no es neutra. Cuando un solo socio concentra más del 45% del comercio, la autonomía se vuelve frágil incluso con discurso soberanista. La diferencia no está en reemplazar dependencias, sino en fragmentarlas, de modo que ningún actor concentre capacidad de coerción decisiva.
El frente narrativo completa el cuadro. En Colombia, los audios filtrados en 2024 revelaron intentos de deslegitimación apoyados en amenazas de descertificación antidrogas. La respuesta presidencial no fue el repliegue, sino el desplazamiento del conflicto al terreno ciudadano mediante una propuesta constituyente. Según Invamer, el 57% de los colombianos respalda una consulta popular sobre reformas bloqueadas, alterando el balance político del enfrentamiento.
Ese respaldo no surge del vacío. Colombia mantiene un índice de Gini de 0,53 y una pobreza multidimensional cercana al 28%. Las demandas redistributivas funcionan como ancla política, incluso bajo presión externa. La narrativa no sustituye la estructura social, la activa.
Los presidentes de china Xi Jinping, de Brasil Lula y el colombiano Petro posan para una foto grupal antes de la inauguración del Foro China-CELAC.
Epílogo
Estados con respaldo interno amplio pueden absorber presión sin modificar decisiones centrales. Los que diversificaron socios externos negocian desde posiciones menos vulnerables. Los que logran encuadrar el conflicto como disputa doméstica desplazan costos hacia afuera. Cuando ninguno de esos reflejos funciona, los realineamientos tienden a ser rápidos y poco elegantes.
En horizontes de mediano plazo, los países con aprobación sostenida por encima del 55% y comercio relativamente distribuido muestran mayor resistencia a sanciones efectivas. Cuando la inflación supera el 8% de forma persistente o el crecimiento cae por debajo del 2% durante más de un ciclo fiscal, el respaldo político se erosiona.
La Doctrina Monroe no ha desaparecido ni tampoco se debe caer en la ingenuidad que EE.UU. ha pedido el control. América Latina ya no opera bajo obediencia por defecto, pero basta que Washington presiono y ponga su ojo sobre Venezuela, Colombia o cambie su política de Seguridad Nacional para que vuelva a proyectar su sombra.
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