Cuando los CEO gobiernan y el Estado es un cadáver

13 de marzo de 2025

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La escena es conocida, pero suele leerse mal. Primero, el Australian Strategic Policy Institute documentó en 2024 que China lidera la investigación de mayor impacto en 57 de 64 tecnologías críticas, revirtiendo por completo el mapa de hace dos décadas, cuando Estados Unidos encabezaba 60 de esas mismas 64 categorías. Ese vuelco no es un dato aislado de competitividad académica. Es el trasfondo estructural que explica por qué ejecutivos de empresas tecnológicas ocupan hoy posiciones centrales en las ceremonias del poder político estadounidense. Ese acceso, sin embargo, importa menos que el hecho de fondo: la externalización del sistema nervioso central de un Estado que ya no conserva su propio manual de instrucciones.

La dependencia material es medible. SpaceX ejecutó 138 de los 145 lanzamientos orbitales estadounidenses en 2024, un 95% del total, según el conteo anual de Jonathan McDowell publicado por Payload Space. La constelación Starlink, según el American Enterprise Institute, representa además el 65% de todos los satélites operativos en órbita baja. La autoridad jurídica sobre el espacio sigue siendo pública, pero la ejecución material del acceso orbital se concentra en un proveedor privado con accionistas propios. Revertir ese contrato en un ciclo electoral es, en términos prácticos, políticamente inviable. Esa inviabilidad práctica, más que cualquier tratado o marco jurídico formal, es hoy la métrica que mejor mide la soberanía real de un Estado.

"Al final, para Trump lo importante es su imagen y para Musk es la desregulación que consiga para sus negocios y el desarrollo de su tecnología" — Jason Xidias, profesor de RRII de la Universidad Pontificia de Comillas.

Dos actores que no necesitan coordinación explícita para que sus incentivos converjan Dos actores que no necesitan coordinación explícita para que sus incentivos converjan (Foto: WSJ).

¿Los ludditas del siglo XXI?

El poder que ejerce un proveedor de esa escala rara vez implica apagar nodos, algo ilegal y visible de inmediato. Consiste, en la práctica, en modular latencia, priorización e interoperabilidad sin asumir responsabilidad política directa. Administrar la fricción condiciona decisiones ajenas sin que nadie tenga que rendir cuentas por ello. Un retraso de 300 milisegundos en un enlace de datos durante una maniobra vale, en la práctica, más que cualquier garantía contractual, porque el proveedor responde a accionistas y el Estado responde a una urgencia que no espera a los tribunales.

La Administración del Ciberespacio de China publicó en junio de 2024 sus lineamientos para el desarrollo de la industria de circuitos integrados, fijando como objetivo estatal reducir la dependencia de proveedores extranjeros en semiconductores. Esa arquitectura integrada, con financiamiento público, banca estatal y empresas coordinadas bajo un mismo objetivo, contrasta con la fragmentación de la política industrial estadounidense entre agencias que apenas coordinan entre sí. Pekín construye capacidades de sustitución antes de necesitarlas. Washington, en cambio, suele descubrir que las necesita justo cuando ya perdió capacidad de presión creíble sobre sus propios contratistas. Esa secuencia invertida es, a estas alturas, un patrón reconocible.

Lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy, Florida, EEUU Lanzamiento desde el Centro Espacial Kennedy, Florida, EEUU.

El contraargumento evidente es que la concentración de mercado no equivale a captura del Estado; las empresas tecnológicas compiten entre sí y el gobierno conserva la autoridad formal de regular, litigar o nacionalizar en última instancia. Esa autoridad formal, sin embargo, se vuelve cada vez más costosa de ejercer cuanto mayor es la dependencia operativa acumulada. Un litigio antimonopolio contra un proveedor que sostiene el acceso orbital o el cómputo en la nube de agencias enteras implica algo más que una decisión legal; implica decidir qué servicios del Estado dejan de funcionar mientras dura el proceso.

Si Pekín acumula capacidad de sustitución mientras Washington acumula dependencia irreversible sobre un puñado de proveedores privados, ¿en qué momento deja de ser el gobierno quien decide cuándo y cómo se ejerce el poder sobre la infraestructura crítica del Estado?


*Los ludditas fue un movimiento de trabajadores ingleses del siglo XIX (1811-1816) que protestaron contra la introducción de maquinaria industrial. Su nombre proviene de Ned Ludd, un personaje simbólico que representaba la resistencia a las tecnologías que desplazaban a los trabajadores.

Referencias