Desde 1953, quince planes quinquenales consecutivos estructuraron la política económica y social china sin interrupciones electorales para sus 1.400 millones de habitantes, una coherencia organizacional medible y no necesariamente ideológica. En el debate político occidental persiste una pregunta que dice más sobre quien la formula que sobre China: ¿por qué no se democratiza? El supuesto implícito es que la competencia electoral constituye el destino natural de toda sociedad que alcanza cierto nivel de desarrollo, y que su ausencia revela una anomalía ética o institucional. Desde el análisis comparado, esa premisa es débil y empíricamente discutible.
China nunca internalizó ese relato, y la razón no es fe ciega al Partido: su experiencia histórica con la apertura fue traumática, asociada a soberanía limitada y jerarquía forjada por intervenciones extranjeras. La primera reunión clandestina del Partido Comunista en Shanghái terminó intervenida por la policía francesa, la república temprana convivió con invasiones japonesas y tutelas extranjeras, y Hong Kong, presentado hoy como democracia arrebatada, jamás eligió a su gobernador bajo soberanía británica.
Las protestas en Hong Kong durante 2019-20.
La estabilidad institucional descansa en una base material concreta. China emplea directa o indirectamente a más de 400 millones de trabajadores industriales, concentra cerca de 14% de las exportaciones globales y superó los $3,5 billones anuales en ventas externas. En la última década registró más de 38.200 patentes de inteligencia artificial generativa según la OMPI, seis veces más que Estados Unidos, señal de acumulación tecnológica sostenida. Ese desempeño estructura una forma específica de legitimidad, integración sistémica más que redistribución compensatoria: tasas de empleo urbano superiores a 95%, cobertura sanitaria cercana a la universalidad y erradicación estadística de la pobreza extrema configuran lo que la literatura define como legitimidad de desempeño.
Caída de la extrema pobreza en China en los últimos 45 años.
La estrategia de doble circulación, impulsar consumo interno y reducir dependencia externa, responde a un cálculo de resiliencia sistémica: en términos de teoría de sistemas, el Partido busca minimizar acoplamientos críticos con un entorno internacional crecientemente hostil. El sector privado opera como subsistema integrado más que contrapeso autónomo, tolerado mientras refuerce la estabilidad macropolítica, como demostraron las regulaciones sobre plataformas tecnológicas desde 2020.
Del otro lado, académicos como Minxin Pei argumentaron en China's Trapped Transition que este mismo modelo de autocracia desarrollista tiene límites estructurales que la legitimidad de desempeño no resuelve indefinidamente: captura institucional, corrupción sistémica y ausencia de mecanismos formales de rendición de cuentas que se acumulan sin válvula de escape política. Es una objeción seria, y el propio régimen la reconoce indirectamente en sus campañas anticorrupción recurrentes. Pero el desafío empírico más inmediato no es ese, es aritmético: en 2025 China contaba con 5,3 trabajadores por cada jubilado, proyección que cae a 2,6 para 2035 y a 1,6 para 2050 según Naciones Unidas. A diferencia de Japón o Corea del Sur, China enfrenta ese envejecimiento con ingresos todavía medios, presionando la base fiscal justo cuando la legitimidad depende de sostener resultados.
Residentes caminan por un sitio de reasentamiento en la aldea de Huangjahe, Hubei (2017).
De esa aritmética emergen tres trayectorias plausibles: convergencia, si la automatización y la productividad sostienen crecimiento por encima de 3%; estancamiento, si el crecimiento cae debajo de ese umbral con legitimidad más frágil; fragmentación, si la relación activos-pasivos cruza límites fiscales críticos. China desafía tres supuestos centrales del liberalismo político, que el desarrollo conduce inevitablemente a la democratización, que el capitalismo exige pluralismo, y que la estabilidad depende de límites formales al poder, sin refutarlos como leyes abstractas, pero demostrando que no son universales. ¿Qué combinación de esas tres variables, automatización, productividad y relación activos-pasivos, será la que determine si este modelo de legitimidad sobrevive al envejecimiento que él mismo no puede desacelerar?
Referencias
- United Nations. (2022). World Population Prospects 2022. Department of Economic and Social Affairs, Population Division.
- World Intellectual Property Organization. (2024). Patent Landscape Report: Generative Artificial Intelligence. WIPO.
- China National Intellectual Property Administration. (2024). Annual Patent Statistics 2014-2023. CNIPA.
- National Bureau of Statistics of China. (2024). China Statistical Yearbook 2024. NBS.
- Pei, M. (2006). China's Trapped Transition: The Limits of Developmental Autocracy. Harvard University Press.
- Heilmann, S. (2018). Red Swan: How Unconditional Rule Shapes China's Rise. The Chinese University Press.
